Verónica Huesca * CP. La celebración del Día del Nino se remonta al ano 1924, cuando la Liga de las Naciones (precursora de las Naciones Unidas) contempló la primera Declaración de los Derechos del Nino, por lo que más de cien países dedicaron un día en especial para celebrar a los ninos, mismo que sería establecido por el gobierno de cada nación.
En México, Álvaro Obregón estableció el 30 de abril para la celebración oficial de los ninos en México, que tiene como objetivo promover la fraternidad y el entendimiento entre los ninos, y conocer, enaltecer y defender los derechos a los que todos los ninos tienen acceso, como a la educación, el derecho a que en la escuela te llamen por tu nombre, que te expliquen con paciencia, a que nadie te falte al respeto y participes en el establecimiento de las reglas, a vivir sin violencia, con personas que los quieran y los cuiden, alimentarse sanamente, recibir un trato justo respetando las diferencias de sexo, edad, raza, color, idioma, religión, físico, posición económica y estatus social; el derecho de jugar y no de trabajar antes de la edad permitida, el derecho de decir lo que piensan y sienten para que los demás lo escuchen.
Durante este día, las clases son interrumpidas, y se realizan actividades artísticas, eventos culturales y de entretenimiento, además de que se distribuyen juguetes, dulces e incluso se rompen pinatas, es decir, es un día de fiesta para todos los ninos.
Pese a ello, en el mundo hay millones de ninos que son víctimas de explotación física, laboral, sexual y mental, muchos infantes viven en condiciones deplorables como consecuencia de la guerra, la pobreza, discriminación racial y sexual, hambre, genocidio, etc.
Así que está en nuestras manos darle a los ninos una vida de calidad, protegerlos, cuidarlos y amarlos, para que sean hombres de bien, adultos responsables con una vida armoniosa para ofrecer a nuevas generaciones.











