Jaime bailaba en la pista del Baby’O de Acapulco cuando, a lo lejos, vio a decenas de personas intentando acercarse a una mesa, sin éxito. Varios guardaespaldas impedían ver quién era el personaje que todos querían saludar hasta que Camil se dio cuenta de que era Luis Miguel.
Sin ganas de ser uno más de los interesados en acercarse, Jaime siguió con su fiesta hasta que, del otro lado de la pista, notó otra mesa donde había poca gente buscando una fotografía y un saludo. Ahí no había guardaespaldas. No había alboroto. Solo sonrisas y autógrafos. Ahí, estaba sentado Bono de U2.
“El día que conocí a Bono, el estaba sentado con un amigo, en la parte de atrás, en la última fila del Baby’O. Sin aspavientos ni exageraciones, simplemente estaba tomándose un trago y celebrando. Toda una estrella en una situación bastante sencilla así que me acerque a decirle que lo admiraba y ahí comenzamos a conocernos”, cuenta Jaime Camil sobre el momento en el que inició una amistad que hasta el día de hoy continúa.
Tras su visita en 1997 con el Pop Mart Tour, y la polémica en torno a una situación de violencia entre los guardaespaldas del hijo de Ernesto Zedillo y el jefe de seguridad de U2, Bono encontró en Camil un amigo para sondear México como plaza para la banda y un compañero para conocer el país a fondo.
Cuando la agrupación viajó a México como parte de su Vertigo Tour en 2004, Jaime le mostró al legendario cantante muchos de los rincones del país, como Acapulco, y se convirtió en un puente para sanar la relación entre el músico y el expresidente y así lograr que se concretara una visita más de la banda a México.
“Es un hombre preocupado por situaciones altruistas porque realmente le interesa ayudar a la comunidad. Me consta que él sueña con erradicar la pobreza del mundo. Mi papá se escribe más con él. Es un hombre a todísimo dar, muy genuino”, comentó Camil de Bono, y dejó en claro que espera reencontrarse con él en su próxima visita a nuestro país, en octubre.












