Nunca se es demasiado viejo para aprender, ese simple mensaje está presente en El escolar en todo momento, aunque la película nos narra una historia sofisticada de muchas facetas. En esta dramatización de una crónica de la vida real, la audiencia es testigo de un sangriento capítulo en la historia africana, y recibe una lección sobre los efectos perdurables del tribalismo y el prejuicio. Conocen, en las palabras de uno de los personajes, que “el pasado está siempre presente”, y que la educación es clave para ayudar a mejorar lo que ha antecedido.
Es una aventura visual y musical, se filmó en las remotas montañas de Kenia, y los directores contrataron a niños locales, muchos de los que jamás habían visto una cámara, y mucho menos habían sido grabados por una, y utilizaron dialectos y música locales para prestar autenticidad al material.
La película se basa en un artículo del Los Ángeles Times sobre un agricultor keniano de 84 años, llamado Kimani N’gan’ga Maruge. En retrospectiva, vemos que Maruge era miembro del grupo anticolonialista Mau Mau, que se rebeló en contra del gobierno británico de Kenia en la década del 50. Su esposa y dos hijos pequeños fueron brutalmente asesinados debido a su afiliación al Mau Mau, y Maruge pasó casi diez años siendo torturado en campos de prisioneros controlados por los británicos, hasta que Kenia finalmente obtuvo su independencia.
Así es que, en el 2002, cuando el gobierno keniano anuncia educación primaria gratuita para todos, Maruge, envejecido, cojeando y medio sordo a causa de las golpizas que recibió en los campos de prisioneros, camina trabajosamente a través de los campos hasta una escuela local para reclamar un puesto entre los niños de 5, 6 y 7 años. Él cree que el gobierno le debe una educación, y también quiere aprender a leer una carta que le ha llegado del presidente de Kenia, ofreciéndole reparaciones por su sacrificio a nombre del país.
La política, los viejos resentimientos y la influencia corrupta de los medios de comunicación hacen que la presencia de Maruge en esta escuela rural sea problemática, como mínimo. Y he aquí la sutileza de la historia.
Empeñado en contratar a un keniano en el papel de Maruge, el director Justin Chadwick escogió a Oliver Litondo, un exreportero de noticias de televisión, quien aporta una pasión conmovedora al papel. La maestra que permite a Maruge en la escuela es interpretada por la actriz inglesa Naomie Harris. ¿Por qué arriesga tanto por Maruge, y qué la motiva a ser una buena maestra para sus otros 200 jóvenes estudiantes?
Dicho eso, es edificante saber que los directores quisieran contar la historia de un hombre de 84 años, y el director Chadwick consigue compartir la inspiradora historia de Maruge sin exagerar. Gracias a ello, llevan el mensaje de esta película por mucho tiempo.
El escolar más viejo del mundo empezó a estudiar a los 84 años, en un colegio del oeste de Kenia. Murió en Nairobi el 14 de agosto, cuando tenía unos 90 años. Le quedaban sólo dos para terminar la primaria.
Nacido en 1920 en el Valle del Rift, fue jornalero toda su vida y cuidaba de un rebaño de cabras que pastaba frente a la escuela mientras él aprendía a leer y escribir. Su popularidad se disparó en 2004, al entrar en el Libro Guinness de los Récords como el hombre que había empezado a estudiar a edad más avanzada. Maruge atendía a los fotógrafos que le visitaban en su aldea, posaba orgulloso junto al certificado del récord. Fue el delegado de su clase, estudiante que sirvió de ejemplo para niños y adolescentes de la zona, desde su llegada al colegio, las matrículas no dejaron de crecer.
La figura de Maruge, el anciano rodeado de niños, el hombre honrado que se aplicaba con el lápiz para completar los ejercicios de caligrafía, fue utilizada por todos. El gobierno de Kenia lo consideró un éxito fruto de sus reformas.
La ONU lo escogió como imagen de su campaña para promover la educación universal y gratuita. Los más críticos dijeron que su caso evidenciaba el retraso de África, que debía acudir a una escuela especial para adultos y no a una infantil. Todos creían saber lo que era bueno para Maruge. Mientras tanto, él estudiaba y contaba historias a sus compañeros de pupitre.












