Verónica Huesca * CP. Luces centelleantes y multicolores iluminaron el cielo de Chiapa de Corzo y las aguas del río Grijalva la noche del sábado, con motivo de la realización del Combate Naval.
En el marco de la Fiesta Grande, cientos de lugarenos, turistas y curiosos se prepararon desde temprana hora para disfrutar de los tradicionales juegos pirotécnicos que desde hace cien anos se vienen presentando cada 21 de enero a las 21 horas.
A lo largo de 30 minutos, la ribera de Chiapa de Corzo quedó por unos momentos en completa oscuridad, mientras la belleza de los fuegos artificiales danzaba en medio de la penumbra, teniendo como fondo la música de la banda de guerra del Ejército Mexicano; representando con ello el arte bélico que los chiapanecas siempre han ostentado a lo largo de la historia, al ser un grupo guerrero, que llegó a tener bajo su dominio a grupos indígenas como los zoques, tzeltales y tzotziles, escenificación que relató en 1626 el fraile dominico Thomas Gage, quien mencionaba que junto al río se llevaba a cabo un combate con luces, el cual dejó de realizarse a raíz de la colonia.
Al mismo tiempo, el combate también es una representación de la batalla ruso-japonesa, en particular la de Puerto Arturo, que un historiador, Enrique Santibánez, vio en las imágenes cinematográficas de Pathe, y que logra escenificarlas en el río Grande, con la ayuda del pueblo.
De esta forma, toda una dinastía de pirotécnicos chiapacorcenos participan ano con ano en el Combate Naval.
Una tradición que muestra la fortaleza y el temple de un pueblo que supo conservar, al pasar de los anos y pese al dominio de los espanoles, su esencia, ritos y costumbres que a lo largo de la Fiesta de Enero se fueron demostrando, en medio de música, color y folclor popular, los cuales continuaron durante la tarde del domingo con el desfile de carros alegóricos y la representación de la leyenda de María de Angulo, siendo acompanados por las Chuntá y los Parachicos que danzaban al son del chin chin.
La tristeza del pueblo y el fin de una fiesta llegó con la manana del lunes, cuando los Parachicos llevaron al Santo Patrono, San Sebastián Mártir, a escuchar una última misa en su honor, para después trasladarlo a la nueva familia, es decir quienes serán los nuevos priostes, que lo resguardará durante 365 días, hasta que la Fiesta de Enero vuelva a Chiapa de Corzo y el júbilo y el gozo retornen a las calles del lugar.











