Hay franquicias que necesitan muy poca presentación en México y Latinoamérica. Captain Tsubasa es una de ellas. Durante décadas conocimos a Oliver Atom, Benji Price, Steve Hyuga y compañía como parte de Supercampeones, una serie que consiguió que generaciones completas vieran el futbol de una manera completamente distinta. Ahora, seis años después del primer juego, regresa con Captain Tsubasa II World Fighters, una secuela que entiende muy bien qué hizo especial a la serie, aunque también demuestra que llevar ese espectáculo al videojuego tiene sus propios límites.
El nombre puede haber cambiado por cuestiones de distribución y marketing internacional, pero la esencia permanece intacta. Aquí seguimos viendo jugadores capaces de recorrer media cancha en segundos, disparar balones que parecen misiles y hacer movimientos que desafían cualquier reglamento deportivo. La diferencia es que ahora tenemos una propuesta considerablemente más grande que la anterior, con una campaña que supera nuestras expectativas en duración, más opciones de juego y una capa de estrategia que aparece poco a poco.
Pero hay algo que conviene dejar claro desde el principio: esto no es un simulador de futbol y tampoco pretende serlo. Tampoco estamos exactamente ante un arcade como Mario Strikers. Lo que tenemos es algo mucho más extraño y, precisamente por eso, interesante: un RPG de acción con partidos de futbol que intenta reproducir las reglas de su propio ánime.
Nunca quiso ser futbol
La primera sensación al comenzar World Fighters es que todo resulta extremadamente sencillo. Tenemos botones para correr, pasar, disparar, realizar regates y ejecutar acciones especiales, mientras que en defensa podemos intentar robar el balón mediante barridas o movimientos similares. No hay una enorme cantidad de combinaciones que memorizar y, en teoría, cualquier jugador puede comenzar a disfrutar un partido después de unos minutos.
El problema es que esta sencillez también puede engañarnos. El juego está construido alrededor del momento exacto en el que decidimos realizar cada acción. Cuando un rival se acerca podemos intentar esquivarlo mediante un regate, buscar un pase o simplemente arriesgarnos a continuar avanzando. Conforme conocemos a los jugadores y entendemos sus habilidades, empezamos a descubrir que existen pequeñas ventanas de oportunidad que pueden cambiar por completo una jugada.
Los disparos son probablemente el mejor ejemplo. Al mantener presionado el botón correspondiente comenzamos a cargar una barra que tiene diferentes niveles. Si alcanzamos una determinada marca podemos ejecutar un disparo potente, mientras que llevarla hasta el máximo permite utilizar uno de esos movimientos especiales que prácticamente todos recordamos del ánime. Una vez activado, incluso podemos elegir la dirección de la trayectoria para intentar engañar al portero.
Aquí aparece uno de los sistemas más interesantes. Cuando recibimos un disparo especial, la cámara cambia y debemos interpretar hacia dónde se dirige el balón para decidir el movimiento del portero. Es una especie de duelo de reflejos en el que una buena decisión puede reducir considerablemente el daño recibido. Cada atajada debilita la barra del guardameta y, cuando está suficientemente reducida, un disparo potente puede terminar en gol aunque el portero haya intentado reaccionar.
Esto convierte los partidos en una sucesión constante de ataques y respuestas. No existe fuera de lugar, no hay tarjetas y el árbitro prácticamente desaparece de la ecuación. World Fighters no quiere detenerse a revisar si una entrada fue legal: quiere que hagamos una barrida espectacular, recuperemos el balón y preparemos el siguiente supertiro.
Más estrategia de la que parece
Si uno se queda únicamente con las animaciones, podría pensar que World Fighters es un juego extremadamente básico. Sin embargo, conforme avanzamos aparece una capa de estrategia que no resulta tan evidente durante las primeras partidas. Cada jugador tiene diferentes habilidades y estadísticas, y aprender a combinar sus características termina siendo fundamental para construir un equipo que funcione de acuerdo con nuestra manera de jugar.
Hay defensas capaces de hacer barridas especialmente poderosas, mediocampistas que pueden generar pases largos y delanteros especializados en remates de volea. Esto significa que no basta con reunir a los personajes más populares: tenemos que pensar cómo se complementan entre ellos. Si queremos aprovechar determinado tipo de disparo, necesitaremos jugadores capaces de generar las condiciones necesarias para ejecutarlo.
También existe un sistema de jugadas encadenadas que nos invita a mantener el espectáculo durante el partido. Realizar acciones exitosas permite incrementar nuestros recursos y acercarnos a los ataques especiales más poderosos. Es una mecánica que recompensa a quienes están constantemente intentando hacer algo diferente y evita que simplemente mantengamos presionado el botón de disparo durante todo el encuentro.
En resumen
Captain Tsubasa II World Fighters no es el juego de futbol definitivo ni pretende serlo. Tampoco corrige todas las limitaciones de su antecesor. Su defensa sigue siendo demasiado sencilla, algunos partidos pueden volverse repetitivos y la campaña tiene más diálogos de los necesarios. Pero también es una secuela que mejora su fórmula, ofrece más profundidad de la que parece y entiende que el verdadero atractivo de esta franquicia nunca estuvo en representar el futbol de manera realista.












