El guardián entre el centeno está narrada en primera persona por Holden Caulfield, un joven inteligente, rebelde e inmaduro que, con una buena dosis de desparpajo y cinismo, rechaza la lógica y las convenciones de la sociedad en la que le ha tocado vivir. Y para exponer su historia recurre a un lenguaje antisolemne, cargado de un humor desvergonzado e irreverente.
“En esos años, escritores iconoclastas como Henry Miller ya utilizaban de una manera abierta, sin tapujos, toda clase de palabras sexuales en sus obras. En el caso de ‘El guardián entre el centeno’, creo que Salinger respetó la norma ética y un poco puritana de la sociedad estadunidense, y no recurrió, salvo muy contadas veces, a las malas palabras, sino a lo que se conoce como maldiciones. Es decir, en cuanto a la lengua, en general fue bastante considerado frente a la opinión pública. En cambio, puso todo el peso específico de su novela en el espíritu de rebeldía de Caulfield”, señala el escritor Hernán Lara Zavala.
En efecto, Holden Caulfield es el prototipo del joven desarraigado, insumiso y resentido que anda en busca de sí mismo; pero también es profundamente tierno. De ahí que el académico universitario considere que este personaje constituye una especie de radiografía de esa etapa tan difícil y compleja por la que todos pasamos: la adolescencia.
“No es el adolescente modelo, ni mucho menos; es el adolescente disidente, inconforme. Creo que ese espíritu de rebeldía ya estaba en el aire a finales de la década de los años 40, como sucedería inmediatamente antes del 68. Hay ciertos espíritus que privan en la sociedad y que requieren un disparador para manifestarse, y creo que ‘El guardián entre el centeno’ fue el disparador de ese espíritu de rebeldía que ya flotaba en el ambiente al término de la Segunda Guerra Mundial”, refirió el autor de Charras.
En su opinión, Caulfield, quien vive en Nueva York, ha sido expulsado de la escuela y se encuentra sumido en una crisis existencial, pero también tiene mucho de pícaro. “Es como un pícaro porque todo el tiempo va de un lado a otro, todo el tiempo huye y todo el tiempo le suceden cosas malas, deprimentes; esas cosas que hacen que los jóvenes se sientan incomprendidos. Sin embargo, a final de cuentas, él experimenta, gracias a su sensibilidad y a la presencia adorable e iluminadora de su hermanita Phoebe, una suerte de redención. En este sentido, ‘El guardián entre el centeno’ es una novela de formación”, señala.
Influencia en México
La literatura mexicana no fue ajena al estallido y la onda expansiva que causó la aparición de la novela de J. D. Salinger en el mundo de las letras. Al respecto, Lara Zavala comentó: “Por ejemplo, en ‘La tumba’, de José Agustín, encuentro muchos reflejos de ‘El guardián entre el centeno’. José Agustín asimiló bien la influencia del estadunidense. No fue un epígono de él, más bien entendió cuál era el sentido de su novela y lo adaptó a la sociedad mexicana. La tumba también gira alrededor de la problemática y del descontento juvenil, y también es burlona e irreverente. Creo que ‘La tumba’ está casi signada por la influencia asimilada de Salinger”.
Si bien El guardián entre el centeno es un texto arquetípico de la adolescencia, es muy probable que cada vez tenga menos lectores jóvenes. Con todo, mientras haya quien se acerque a esta y lea los 26 capítulos que la conforman, Holden Caulfield, con su ridícula gorra de cazador, seguirá en pie de lucha contra los falsos e hipócritas, para evitar que los rebeldes como él caigan al precipicio.












