“Jamás en la vida me había enfrentado a un saqueo y a una destrucción masivas de monumentos arqueológicos como la que está ocurriendo en el sureste de México, en ninguna parte del mundo pasa esto”, fue una de varias denuncias hechas por el arqueólogo e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Fernando Cortés de Brasdefer, a través de una carta compartida en un grupo privado de Whatsapp y filtrada días después en Facebook.
Después de la filtración de la carta, Cortés de Brasdefer recibió un acta administrativa en la que se le acusó de divulgar información “confidencial” del INAH. Dos meses después recibió una segunda. En entrevista, el investigador reveló que la dirección general del INAH y su director, Diego Prieto; y el titular del Centro INAH Quintana Roo, Margarito Molina, están pidiendo su cese de labores y su expulsión definitiva de la Institución.
La carta, titulada “La Tragedia Cultural del Siglo XXI. El Tren Militar”, es el testimonio de Cortés de Brasdefer sobre la destrucción arqueológica que dejó la construcción del Tren Maya en sus diferentes tramos, en específico en el Tramo 7 —que corre de Bacalar a Escárcega— y que dirige a colegas para darles a conocer la preocupante situación.
En su escrito, Cortés de Brasdefer narró la devastación del patrimonio que pudo ver en visitas realizadas mientras los trabajadores no estaban. “Hemos optado por acudir desde Chetumal a los tramos por las tardes, casi al caer el sol, cuando está todo abandonado, o el domingo, como hoy, que no hay nadie, salvo las garrapatas y la fauna salvaje que siempre nos dan la bienvenida” escribió.
El experto aseguró que prefirió denunciar la destrucción del patrimonio a quedarse callado y ser un traidor a la patria. Cortés de Brasdefer es especialista en la cultura maya y es director del sitio arqueológico de Chakanbakán, en Quintana Roo.
“Nadie imaginó que los propios actores (de la destrucción) serían el propio presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, el Ejército mexicano, el antropólogo Diego Prieto, director del INAH, y una cantidad enorme de arqueólogos y de trabajadores para cometer actos criminales como los que he podido constatar y documentar”, expresó Cortés en la carta.
¿Por qué escribió la carta?
Primero quiero decir que me mantuve en silencio tres meses, es la primera vez que expreso una opinión pública sobre el caso, pero la situación es intolerable y creo que ya es momento de poner las cosas en claro. Escribí la carta y fue dirigida a mis compañeros investigadores, sin embargo, a alguien se le ocurrió publicarla en redes y me levantaron un acta, pero yo no la publiqué, fue alguien más. Ahora me acusan de algo que yo no cometí.
La carta es una reflexión sobre los efectos que causó la construcción del Tren Maya; independientemente de toda la afectación que hubo al medio ambiente, a los cenotes, a las cuevas, yo doy cuenta de la destrucción patrimonial cultural que se ha vivido en los últimos meses. Quiero decir que no se nos tomó en cuenta para el trazo del Tren Maya, no nos consultaron y lo peor se dio en el Tramo 7.
Si bien en toda el área por donde pasa el tren hubo destrucción, es en ese tramo donde vimos lo peor, nos dimos cuenta de que en esa área es en donde mayor destrucción de estructuras, asentamientos, ha habido. Muchos edificios no fueron explorados, simplemente se dio luz verde y de hecho una gran cantidad de edificios que pudimos ver, ya no existen, ya no están ahí, ahora solo está la ruta del tren.
¿Qué pasó después de que se filtró la carta?
Comenzó la tirria y el enojo de las autoridades. Me acusan de dar a conocer información que está reservada solo para la Institución, pero cómo es posible que me acusen de eso si supuestamente vivimos en una era de libertad de expresión.
Justo hace unos días escuché al Presidente de la República decir que no hay represalias, que uno puede decir lo quiera, eso lo escucho seguido, pero no es verdad porque a mí me levantaron dos actas para cesarme, la autoridad está pidiendo mi cese, pero la comunidad científica no lo está permitiendo porque yo estoy haciendo uso del artículo séptimo constitucional. Si me cesan, entonces lo harán con otros científicos e investigadores, parece que quieren cerrar la mente y la expresión de nosotros los investigadores.
¿Siente temor de ser expulsado del INAH?
Sí. Pero este tipo de cuestiones afectan a la nación. Si guardo silencio, sería cómplice y no quiero serlo, no seré un traidor a la patria e insisto en que todo lo que digo en la carta me consta. He sido arqueólogo desde hace 30 años en un sitio arqueológico que ahora ha sido afectado por este tren. Insisto en que no guardaré silencio, porque si lo hago, en el futuro yo seré el culpable de esta destrucción.
¿Cuándo recibió las actas y de qué lo acusan?
La primera la recibí en mayo y la segunda en julio. Diego Prieto me acusa de haber revelado información confidencial, pero no solo eso, me agrede de una manera grosera y grotesca, se va contra mí totalmente. El Sindicato de Profesores e Investigadores del INAH me ha defendido, también colegas y otras universidades.
Me acusan de cosas muy graves, de difundir información confidencial, también me acusan de incendiario, ya que, según ellos, la carta podría causar inconformidad en la población y atacar las instalaciones y al personal de la Institución. Pero es falso, ya pasaron meses de que la carta se filtró y no ha pasado nada.











