Esta colección fue donada en enero por Carlos Pellicer López, sobrino del poeta, y suma en total 651 piezas que ahora residen en el Museo Nacional de Arte. Al tener su bodega casi llena, el acervo será guardado en la bodega de transición del recinto, que fue adaptada, explicó Carmen Gaitán, directora del Munal.
“Carlos Pellicer. Amistad y memoria” cuenta con la curaduría del propio Pellicer López y de María Estela Duarte. La exposición fue dividida en siete núcleos temáticos: “El rostro del poeta y sus entornos”, “Entre los siglos XIX y XX”, “Baluartes del arte mexicano”, “Alternancias a la Escuela Mexicana”, “Poética del paisaje”, “Diseño y artes escénicas” y “La emoción de Mario Alonso”.
La muestra inicia con un retrato de Pellicer que pintó Diego Rivera en la década de los 40. “Mi tío siempre se sintió muy halagado, muy orgulloso. (Rivera) supo captar esta mirada hacia un futuro mejor y optimista”, dijo Pellicer López en el recorrido.
Nahui Ollin, Roberto Montenegro, José Clemente Orozco, José María Velasco, Juan Soriano, Miguel Covarrubias, Joaquín Clausell, Saturnino Herrán, Dr. Atl, de quien destacan una rara obra de estilo futurista y un paisaje cuando aún firmaba como Gerardo Murillo son algunos de los artistas presentes en la colección.
También hay fotos del propio Pellicer, Manuel Álvarez Bravo y Armando Salas Portugal. En una de las salas se encuentran dos bastidores sin obra alguna. No se trata de un error del museo, sino de un recuerdo de dos, de los diez cuadros de José María Velasco, que le robaron al escritor en octubre de 1976.
“Son los dos cuadros grandes que cortaron la tela del bastidor, la enrollaron y se la llevaron. Cuando aparezcan se le dirá a los dueños que aquí están los pedacitos que les faltan”, dijo el sobrino de Pellicer, quien agregó que a lo largo de los años ha escuchado que se ofrecen las obras a la venta y que pese a que entonces se levantó la denuncia, no se resolvió el caso.
En el núcleo “La emoción de Mario Alonso” se exhiben una selección de las mil 426 obras de Mario Alonso Ostolaza, artista poco conocido por rehusarse a exhibir su obra y amigo de la familia Pellicer, quién legó su obra también al sobrino del escritor y que ahora pasa a ser parte de la colección.
Carlos Pellicer López declara que tomó la mejor decisión de donar la colección al Munal, institución que calificó de generosa por hacerse cargo de salvaguardarla, estudiarla y difundirla. Sobre la protección del patrimonio en México, el sobrino del escritor dijo que “la única salida” para cubrir las necesidades sería que la iniciativa privada “le eche la mano” al Estado, porque “nunca va a alcanzar el presupuesto”.












