El rebozo inspira pieza coreográfica

Valeria Vega Solórzano en escena. Cortesía
Valeria Vega Solórzano en escena. Cortesía

Para la coreógrafa Valeria Vega Solórzano, un rebozo es sinónimo de calidez, arropamiento y apoyo entre mujeres. Con esa idea, la artista creó el espectáculo unipersonal Rebozo, inspirado en un texto poético que derivó en esta pieza interdisciplinaria.

La obra se presentará este sábado y domingo en el teatro Isabela Corona, en Tlatelolco, como parte del programa artístico organizado por el Instituto Mexicano del Seguro Social y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, denominado Escenarios IMSS-Cultura.

En entrevista con La Jornada, Valeria Vega habló sobre esta coreografía, la cual combina danza, teatro y música, y busca destacar la importancia del cariño, el amor y la solidaridad que hay entre mujeres y hombres, representado en esa prenda tradicional.

Inspiración de la obra

“La idea nació de la búsqueda de un símbolo que acogiera mi raíz, mis orígenes, que me remitiera a mi infancia. En la búsqueda de este símbolo aparecía el recuerdo de mi madre cargándome en el rebozo mientras hacía enchiladas. A partir de ahí fue muy claro para mí y me adentré en el tema, me acerqué a la bibliografía del rebozo, junto con la música y la poesía que lo rodean. Averigüé cómo se elaboran en varias partes del país, desde Tenancingo, Chiapas, pasando por Oaxaca y hasta Michoacán, con todas sus diferencias de métodos de tejido, de teñido, etcétera”, explica.

La artista se considera afortunada por haber sido cargada con un rebozo durante su niñez, pues es una práctica que genera mucha conexión con su madre: “está hecho como un refugio, sirve para guarecerse, esconderse, pero también como una representación de la belleza e, incluso, es empleado en danzas.

“Un rebozo es un elemento multiusos, y eso como artista abre un crisol de posibilidades para ser exploradas en escena. A partir de ello creé un texto poético, pero me di cuenta de que poco a poco fue evolucionando a algo musical, con ritmos, otros diálogos, que quise transformar en movimientos. Entonces fue tomando la forma de un nuevo descubrimiento espiritual ante mi pasado”, asegura.

Sin embargo, la creadora asegura que, más allá de vincularlo con una cuestión hacia las culturas originarias, este diálogo se trata de repensar que el rebozo tiene una presencia constante en el día a día.

“A pesar de que hay rebozos industriales, en muchas partes de México sigue siendo un trabajo artesanal, y esa es su vertiente más cotidiana. Es una tradición, algo que representa el trabajo de muchas horas de vida, y no sólo es la tela en sí, sino las horas de trabajo que alguien invirtió y eso lo siente el público.”