El Santo, un tema literario

El Santo, un tema literario

Habrá quienes lo nieguen de manera rotunda; otros, simplemente se harán a un lado como si una afirmación tan contundente no estuviera relacionada con ellos, pero cuando Enrique Krauze escribe acerca del Santo, el enmascarado de plata, sus palabras conducen hacia tiempos en los que se define nuestro ser: “Antes que James Bond o Indiana Jones, antes que los Transformers y los héroes de internet, el Santo fue el héroe justiciero de nuestra infancia”. La afirmación del historiador viene en el prólogo del libro Santo, el enmascarado de plata. Imágenes, de Lydia Gabriela Olivares, pero sirven como un antecedente de lo que pudo representar una figura asediada en todas las arenas en las que se presentaba a luchar, un tanto denostado por quienes veían sus películas de vampiros, brujas y hombres lobo. Luchador “Un enmascarado que no prescinde de la máscara (su rostro verdadero, su identidad) ni para lavarse los dientes. Algo muy poderoso irradiaba aquel personaje que pudo quizá provocar sobre todo en sus películas de vampiros o extraterrestres la burla sarcástica de los estratos de la alta cultura, pero que el pueblo amó con ingenuidad, sencillez y sinceridad”, anota en dicho texto Enrique Krauze. Sin embargo, más allá de que si su figura protagonizaba las pantallas cinematográficas o se volvía héroe de historietas, el personaje no ha despertado tanto interés en el universo literario, no así la lucha libre, que como deporte ha generado algunas publicaciones, como Pasiones desde el ring side. Literatura y lucha libre, coordinado por Carlos Maldonado y el poeta Daniel Téllez, uno de los pocos escritores que decidieron subirse al cuadrilátero, sin importar el qué dirán, y que ahora decide rendirle homenaje a su propia infancia. “Te puedo citar dos o tres poemas memorables sobre la lucha y sobre El Santo, pero hace falta la novela. Tenemos suficiente crónica y periodismo literario de la lucha, cuento podemos ya rastrear; sin embargo, hace falta ese acercamiento a gran escala”, explica el escritor, quien durante cinco años practicó la lucha libre, allá en el Toreo de Cuatro Caminos.