El verdadero milagro navideno de Sta. Claus

"Verónica Huesca * CP. ""Santa Claus no existe, existe San Nicolas de Bari"", senala el sacerdote católico del equipo de misioneros del Espíritu Santo, Sergio García Guerrero, cuando se le pregunta sobre la tan ya conocida imagen del viejito regordete vestido de rojo con una gran barba blanca al que a tantos ninos encanta y a quienes le piden el cumplimiento de sus más grandes ilusiones para este 25 de diciembre.

""San Nicolás de Bari era un obispo que gustaba de cuidar a los ninos y con el tiempo se le puso Santa Claus"", agrega la autoridad religiosa.

Cuando esta leyenda llega a la Europa germánica, poco se sabía de San Nicolás, sólo que había nacido en Parara de Licia, una antigua provincia de Asia Menor. Durante el trono de Constantino, San Nicolás tomó medidas severas contra el paganismo y lo combatió; además, pidió que se pusiera en libertad a tres inocentes hombres, hecho que logró, convirtiéndose en su milagro más famoso.

""También se preocupaba por los ninos de la calle y las madres de éstos. San Nicolás de Bari derivó en llamarse Santa Claus"", senala el sacerdote.

Según la leyenda, después de su muerte, en el ano 345, San Nicolás resucitó a tres ninos que habían sido asesinados y desechados en un barril de sal.

Esto y sus actos altruistas que emprendió en vida, dieron paso a las anécdotas en Alemania, Suiza y los Países Bajos, sobre el hecho de que San Nicolás traería secretamente regalos para los ninos un 25 de diciembre, y los dejaría en la noche entrando por la chimenea de la casa.

Esta costumbre fue popularizada en Estados Unidos por los protestantes holandeses, que convirtieron al santo en un mago nórdico. Su nombre fue abreviado, no sólo a San Nic, sino también a Sint Klaes o Santa Claus.

La mitra de obispo fue remplazada por el famoso gorro rojo; su cruz pectoral desapareció y se mudó de Turquía al Polo Norte.

El Santa Claus pagano cautivó la imaginación de los agentes publicitarios en el Occidente, ya que su vestimenta roja fue del agrado de los empresarios duenos de un conocido refresco de cola, pues ése es también el color publicitario que maneja la corporación.

Hoy, Santa Claus es utilizado para vender toda clase de productos en el mercado, además de que también es una imagen de coerción hacia los ninos para que se porten bien; sin embargo, casi nadie recuerda su verdadera historia, pese a ser un símbolo cultural, pero sobre todo un icono redituablemente mercadológico.

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