A cien años de su nacimiento, Elena Garro, por su trayectoria como narradora y dramaturga, es más que importante. Es por sí sola todo un género literario, expresó Elena Poniatowska, para concluir la mesa de reflexión Coloquio El Tiempo de la Dicha: La Lectura de Elena Garro, que se realizó el domingo en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Sobre la personalidad, trayectoria y obra de Garro, Poniatowska explicó: “He preferido quedarme con la Elena Garro de mi juventud: gallarda, avasalladora, que seducía con sólo hacer su entrada”.
La ganadora del Premio Cervantes de Literatura 2014 evocó la relación que mantuvo con la autora de Un hogar sólido. “La conocí como una droga, con necesidad de angustia. Las cosas tenían sentido sólo si ella aparecía, si me dirigía una palabra o una mirada, con su voz casi inaudible, porque hablaba en voz muy baja. Cuando ella me hablaba yo sentía que la virgen me hablaba, por eso comprendo que Patricia López Lopategui la reverencie como a una santa de iglesia”.
Elena Garro era nuestro Juan Rulfo femenino, la gran escritora mexicana, la que todo lo poetisa y lo transforma, abundó Poniarowska. “Elena fue contradictoria a más no poder. Al igual que sus personajes, que son ella misma, se definió mejor que nadie al decir que era una partícula revoltosa. Hechizó, pulverizó y domesticó a muchos enamorados. Si hubieran sido gatos, todavía estarían vivos, para hablarnos a maullidos del sortilegio que ejerció sobre ellos”, señaló.
Elena Garro “siempre fue la Señora en su balcón y Monsiváis la consideró la mejor dramaturga. A mi mamá le cayó bien, por no quererse dar tanta importancia. Lo curioso es que, a cien años (de su nacimiento), es más que importante, es por sí sola todo un género literario”.
Con distintas lecturas de la obra literaria de Elena Garro, en la mesa de reflexión también participaron las escritoras e investigadoras Luz Elena Gutiérrez de Velasco, Sandra Lorenzano, Sara Sefchovich y Sara Poot Herrera, y Jacobo Sefami como presentador;












