Hablar de la emancipación de la mujer es un tema de orgullo que debería explotarse en las escuelas como cátedra, para que las futuras generaciones de niñas conozcan y valoren todo aquello que hoy en día realiza una mujer como si ello hubiese sido parte de sus actividades cotidianas. Por eso, y para recordar cómo eran las cosas en otros tiempos, situación que nuestra niñez y adolescentes desconocen, transcribo lo que Virginia Wolf, una mujer londinense, escribió en 1929 en el ensayo titulado Una habitación propia: “Cierra con llave tus bibliotecas, si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Lo anterior, en un claro ejemplo de que a las mujeres les estaba vedado el acceso al conocimiento y el ingreso a una biblioteca debía realizarse mediante un documento firmado por el esposo o padre. Así también, basta revisar de manera rápida, esas primeras veces en que una mujer mexicana disfrutó de derechos en ese entonces reservados para los hombres. Hace apenas sesenta años, el 3 de julio de 1955 se obtuvo el derecho a votar, quedando ese registro a nombre de Elvia Carrillo Puerto. En 1979 Griselda Álvarez Ponce de León ganó la gubernatura en el estado de Colima y en 1998 María de los Ángeles Arroyo presidió la Cámara de Senadores. Esto es destacar grosso modo lo que hace muchos años parecía irrealizable y lo cual abrió paso a la mujer actual en diversas actividades exclusivas de los hombres. Aún falta mucho camino por recorrer para decir que realmente existe una igualdad de género y pueda verse a la mujer como a un ser humano con las mismas capacidades intelectuales y económicas para ejercer diversos cargos tal como sucede con nuestros congéneres varones. Actualmente, es preocupante que en pleno siglo XXI y después de todo lo que las mujeres han logrado: estudiar, el derecho a votar, el de ejercer el poder, sea incongruente observar que exista en nuestras adolescentes tal fascinación por una película que promueve la imagen de una mujer carente de dignidad, de decisión propia, llevada quizá por la curiosidad, y que en las jovencitas fue como un boom para desear encontrar a un hombre como el protagonista, como si el inconsciente colectivo fuera ese deseo de ser abnegadas y sumisas. Es entonces que cuestiono: ¿qué está pasando con la educación? Todo viene desde la niñez, que es la raíz fecunda para sembrar las ideas, los valores etcétera. ¿Qué estamos haciendo mal? Para que nuestras adolescentes no sepan discernir sobre el maltrato, la vejación, la humillación y la denigración de una parte esencial en toda mujer como es su sexualidad. Por ello exhorto a los padres de familia y a los maestros que son pilares importantes y generadores de cambios en nuestra sociedad. Fuentes Pagina web de la red nacional de mujeres munícipes http://renanmm.org.mx/ http://www.sep.gob.mx Libro: Una habitación propia. Virginia Wolf












