En el día de la familia

"Ma. Antonieta Valera de la Torre * APN. ""?A mi familia no la toquen!"", así pensamos la mayoría de nosotros, porque la consideramos a nivel personal. Sin embargo, cuando analizamos a la familia como una institución, las cosas cambian. Ya no hay tanta unanimidad e incluso, hay que buscar argumentos que demuestren que se trata de una organización insustituible, dado los niveles de violencia que leemos en la prensa todos los días.

Aunque la violencia ha sido parte integral de la vida de las familias, así lo encontramos en los mitos fundadores de todos los pueblos, desde los relatos de la Biblia y de los dioses griegos, romanos, germanos, egipcios y aztecas, plagados de fratricidios, asesinatos, filicidios y demás variantes del odio de padres contra hijos, hijos contra padres, esposos contra esposas, hermanos contra hermanos y toda suerte de parientes cercanos y lejanos contra ellos, por supuesto que los parámetros y definiciones de lo que es violencia cambian por épocas, países y clases.

Revisemos los números recientes. Según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República, en una de cada tres familias hay violencia física contra la mujer, hay una mujer agredida cada 15 segundos y la violencia afecta a casi el 10% de las mujeres mexicanas. Según informe de La Infancia Cuenta: ""Después de la India, México es considerado el segundo país del mundo con mayor número de víctimas de la violencia doméstica"".

En un estudio del 2003 hecho por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación expone la gravedad de la situación, pues cuando se les pregunta a las mujeres cuál era su mayor sufrimiento, la mayoría respondió que la violencia familiar, poniéndola por encima de la pobreza y la falta de trabajo.

La familia es una forma de organización social cuya estructura misma y modo de funcionamiento, genera una dinámica de conflictos, pero como la sociedad la considera como un lugar de amor y armonía, y al conflicto como una desviación o enfermedad que debe extirparse, entonces cualquier familia que no cumple el esquema del debe ser, es por definición algo que está mal, ante la iglesia, ante la ley, ante la sociedad. Esta idea la tenemos arraigada, por eso niegan, ocultan, silencian lo que sucede en el interior de sus familias.

A lo anterior súmele otras conductas y costumbres como por ejemplo las consignas: ""los ninos no lloran"", ""no te lleves así con los ninos porque son más fuertes"" o ""aguántate, pareces nina"", son muestra de la idiosincrasia de nuestro país e ideas contrarias a la ensenanza de la tolerancia y la denuncia.

Dicen que ""hijo de tigre, pintito"", o dicho de otra forma, si el desarrollo de un nino se dio en un ambiente de respeto y equidad, seguramente se regirá por tales valores; pero si transcurrió en un contexto de violencia, procederá de la misma manera, sin importar el género del que se trate. Como sucede en todo, no sólo el individuo cambiará; también lo harán todos los cánones sociales y legales que lo rodean. Aunque se ha avanzado en la no discriminación y en la igualdad de trato entre hombres y mujeres, aún queda mucho por hacer.

"