En la playa Chesil (On Chesil Beach) es un drama y romance de 2017 que gira en torno a la sexualidad, ambientado en los años 60, tomado del libro homónimo del británico Ian McEwan y dirigido por Dominic Cooke (en su debut como director). Esta película es protagonizada por Saoirse Ronan, la estrella de Mujercitas y Lady Bird, junto a Billy Howle (Star Wars: el ascenso de Skywalker).
En la playa Chesil cuenta la historia de los recién casados vírgenes, Florence y Edward, y su primer intento desastroso de tener relaciones sexuales. La experiencia inicial y sus diferentes respuestas al fracaso tienen consecuencias de por vida para ambos.
¿De qué trata?
La pareja de enamorados acaba de cumplir 20 años. Ella es de clase media alta y él, de clase baja. Ambos son inocentes y vírgenes, y están enamorados, por lo que deciden casarse y pasar su luna de miel en un hotel junto a la playa. Sin embargo, lo que sucede esa noche cambiará sus vidas para siempre.
Además de Ronan y Howle, tiene en su reparto otras figuras como Emily Watson, Anne-Marie Duff, Samuel West, Adrian Scarborough, Bebe Cave y David Olawale Ayinde; entre otros secundarios. La mayoría de los actores de esta producción son de origen británico.
Se trata de una película de una época distinta y de un amor diferente que fue muy criticada positivamente por el público en general. En cuanto a la crítica, por ejemplo, Variety dijo que era “extraordinaria y fascinante” pero también “delicada y desgarradora”. Por otro lado, Fotogramas expresó que era “exquisita”.
La cinta tuvo su estreno mundial en la sección de presentaciones especiales en el Festival Internacional de Cine de Toronto el 7 de septiembre de 2017 y se lanzó en los Estados Unidos y el Reino Unido en mayo de 2018. En la playa Chesil es una producción británica de BBC Films y Number 9 Films con una historia interesante que atrapa.
Un drama británico
El ritmo de la narración luce irregular: la alusión al secreto, clave para la psicología del personaje femenino, es fugaz; el tiempo en la habitación el día de la boda, excesivo —no funciona aquí la lentitud y parsimonia de la palabra escrita—; el desenlace es abrupto y explícito en la escena final —quizás uno de los mayores desaciertos, incluyendo el maquillaje que pretende envejecer a los personajes, pero que más bien los hace aparecer casi grotescos—.
Mientras que la escena de la discusión de la recién formada, pero no asumida pareja, en la solitaria playa, la intensidad emocional de los diálogos y la imposibilidad de Florence para comunicar lo que la rompe por dentro es de lo mejor logrado de esta realización británica.
El juego de planos, aquí, otorga una complejidad y textura particular al momento dramático que se quiere narrar: abiertos y panorámicos de la larga y solitaria playa —analogía de la anchura del drama que enfrentan los jóvenes—, o cerrados y en detalle de la desolación de sus rostros, cuando se enfrentan a la cortedad de su amor.
Un tema íntimo, humano, universal, bien concebido —mérito de la novela—, estupendamente actuado, bellamente fotografiado y musicalizado —entre Chuck Berry y Beethoven—, pero con debilidades narrativas, es lo que encontraremos en este drama británico ambientado En la playa Chesil.












