Encuentro plural con vocación humanitaria

Alondra de la Parra, coordinadora del festival. Cortesía
Alondra de la Parra, coordinadora del festival. Cortesía

Para Alondra de la Parra, la segunda edición del Festival PAAX GNP es más cercana a lo que originalmente se tenía proyectado para 2022. Si el año pasado los conciertos y presentaciones transcurrieron en cinco días, hoy se distribuyen en diez.

Señala que “esa primera edición tenía que ser compacta por tratarse de algo nuevo y que nadie conocía. Ahora dimos el salto y hay un formato que abarca conciertos de cámara o residencias artísticas, como la del artista visual Maximilian Magnus”, quien hace pinturas abstractas mientras los artistas ensayan. Las obras serán puestas a la venta y la mitad de lo recaudado se destinará a causas altruistas.

Este formato también abarca cinco conciertos sinfónicos y una gala de ballet, y una variedad entre orquesta y cámara, que permite que los artistas puedan descansar cuando otros están ensayando. “La música y la danza son el corazón de PAAX”, dice De la Parra, pero una parte del sueño de este festival es que las residencias artísticas se abran, en próximas ediciones, a escritores y cineastas.

Ese espíritu plural del festival tiene que ver con una vocación humanitaria. Se trata de dos proyectos paralelos: Armonía Social y PAAX Fellowship; el primero es un programa educativo para niños de 6 a 19 años, en Yucatán, Campeche y Quintana Roo, con miras a llegar pronto a Tabasco; son niños con los que se trabaja para que puedan formar su propia orquesta.

En los últimos 12 meses, quienes participan han alcanzado un progreso extraordinario, cuenta la directora de orquesta. Este primer año de aprendizaje lo culminarán tomando clases directamente con los músicos de la Orquesta Imposible; vale la pena destacar que si al inicio del proyecto, en 2022, había 20 niños, hoy son 70 los que están siendo instruidos.

“El objetivo es educar a la niñez en la práctica orquestal como un vehículo para darle herramientas de desarrollo básicas e importantes. Hay niños que están demostrando su genialidad y talento, pero el punto no es que se dediquen a la música o que no lo hagan, sino los valores que aprenden: la gratitud, el trabajo en equipo, cierta estructura, el orden y el pensamiento matemático. El fondo es el desarrollo de una formación del ser humano más íntegra”, afirma.

Mientras que PAAX Fellowship es una especie de continuación: se centra en jóvenes de entre 22 y 30 años que siguen en conservatorios y tienen sus primeras oportunidades a nivel social; son 20 los jóvenes que en él participan. La idea es que, de continuar PAAX en los próximos 10 o 15 años, estas dos vertientes educativas puedan abarcar buena parte del territorio nacional.