Entrevista con el poeta Jeremías Marquines Castillo

Entrevista con el poeta Jeremías Marquines Castillo

Continuando con la entrevista al maestro Jeremías Marquines Castillo, ganador del Premio Centroamericano de Poesía Rodulfo Figueroa 2016, como adelantamos el día de ayer, se tocarán temas como su oficio como poeta, sus libros y qué utilidad tiene la poesía hoy en día.

“Acerca de la obra con la que gano el Premio de Poesía Jaime Sabines en el año de 1998, es un libro que trabaja expresiones neobarrocas y tiene como eje argumentativo precisamente distintas formas de lenguaje y los distintos recursos de este mismo, pero hay también una preocupación social, que es la alusión a la muerte, el sistema de culto de las comunidades; y posteriormente publico otro libro donde exploro la locura, el encierro y también hablo sobre la modernidad, que es el poemario llamado Dónde tiene el hoyo la pantera rosa”, indica.

“Los últimos libros en los que he trabajado son Duros pensamientos zarpan al anochecer en barcos de hierro, que aborda el tema de los desaparecidos políticos. Luego reflexiono el asunto de los migrantes en Bordes trashumantes. Continúo con Acapulco Golden, en el que se explora la relación que tuvo el escritor Malcolm Lowry con Acapulco y en el que queda reflejado el tema de la violencia que se vive aquí (Guerrero)”, explica el maestro.

Al preguntarle cómo se define por su oficio de poeta, expresó: “No tengo una consideración sobre mí como poeta o una opinión, solamente hago esto, es mi oficio, lo que construyo todos los días. La poesía es solo un mostrar los hechos del mundo; la poesía está hecha de los hechos del mundo, no es otra cosa, es un producto mental, generado desde la mente, pues no viene de otra parte, y está hecha con los retazos que tomo de mi propia realidad, de mi cotidianidad.

“No le veo nada extraordinario ni grandioso al poeta, simplemente es un ser humano que tiene esa habilidad de poder desautomatizar la realidad y poder hacerla de otra manera, de familiarizarla, porque regularmente pasamos el día como estúpidos, siempre automatizados por los medios, por la propia cotidianidad, por todo lo que hacemos regularmente como rutina, y el cerebro es el órgano más ‘huevón’ que tenemos, es difícil que salga de ese tipo rutina, hasta que algo rompe y ocurre un ‘shock’ y puedes mirar hacia otra parte y ver que hay más cosas, mucho mejores. Es lo que hace la poesía, desautomatizarte, pero no le veo nada de grandioso al poeta”.

En la última parte de la entrevista se tocó un tema muy polémico en México y el cual el país no se ha podido quitar de encima: la corrupción, que en ocasiones ha tocado las convocatorias para los artistas. “Siempre ha habido; la corrupción en México toca todo, no se salva nada, somos unos seres para la corrupción. Definitivamente no hay el sentido de la honestidad real, profunda en el ser mexicano, como que todo es un pacto entre ladrones, y desde la política hasta las escuelas, las iglesias, la poesía… La literatura no está exenta de estos males. Por supuesto que lo hay, que siempre lo va haber: grupos de poder, individuos tratando de beneficiarse o beneficiar sus propios sectores”, expresó.

De igual forma, planteó: “Lo que nos queda hacer es denunciarlo y tratar de hacer lo correcto, de ser lo más justos. Es la única manera para contrarrestar todo este bólido de la corrupción, porque no hay de otra, ni la educación ha quitado la corrupción de este país, y puedes tener la mejor educación o tener todo el dinero del mundo pero no es garantía de nada, y ni siquiera la poesía es garantía de nada, y a veces eso sale desde las propias autoridades e instituciones, como lo que ha venido pasando con las antologías, con publicaciones, con premios en becas. Ahora, afortunadamente son menos frecuentes las denuncias por ese hecho, pero en algunas regiones alejadas de la observación de los medios se puede dar este tipo de cosas”.

Por ahora dejamos unos poemas que amablemente compartió el autor.

Nota obligadísima: El 23 de enero de 1965 se inauguró en Acapulco la discoteca Tequila a Gogó, la primera en Latinoamérica. Logró ganancias por 600 mil dólares en la primera temporada. Ese mismo año dio inició un movimiento social que dejó más de 600 mil desaparecidos. Rezagos de estos hechos llegan hasta nuestros días convertidos en otra tragedia; de esos olvidados fragmentos está hecho este libro.

-Hoy nadie vino a verme.

Intenté dibujar una ola en la corteza de los árboles, pero sólo salieron dentelladas.

Probé con un gallo, y terminé escribiendo “carajo” en una puerta.

Disculpe la blasfemia, madre,

mis manos son aves de rapiña que acometen tórtolas,

no me acostumbro a ellas todavía,

martillan burbujas enojadas en el cabezal de la cama donde amarro los zapatos de papá como un potro taciturno que espera el crepúsculo para seguir corriendo.

(¡Arre caballo!)

Son palabras que copio como un guante vacío, apenas salidas de su hermosura hueca.

No las oigo, sólo oigo su muerte, de puntitas, tanteando lo que dicen.

Yo como si nada, el agua me enseñó a ver las injusticias con los ojos cerrados.

Me dio, ausencias calcinadas que se anuncian con un golpe de remos.

-Madre

cuando menos lo pienso, me hiero con las nubes que apilo cada noche para llegar al sueño.[Carta del 71/ 04/ 09-SDN 79/ 236/ 229, dirigida al presidente de la República. No firmamos por no morirnos antes de la raya, pero vengan y verán que todo es cierto.]

-Ayúdennos, no somos groseros, sólo otra cicatriz conjetural que no molesta.

Yo no, usted, en la habitación de los retratos donde están los vestidos roídos de mi madre. No muerto, inconcluso en los peñascos de la costa, condenado a dar color a mis insomnios.

Lo estoy viendo como una tortolita engañosa,

aporreando, aporreando,

bajo la algarabía turbia de las hojas que acumulan ecos,

aporreando,

no letras rotas,

presentimientos,

vacuidades a las que ponemos nombres.

Jeremías Marquines