EPICURE

EPICURE

En esta ocasión, el destino de su viaje no es otro que Japón; podemos convertirlo en un trampantojo verdulero o un plato de alta cocina con un par de trucos. La única complicación que tiene esta receta es, como en cualquier tartar, la de cortar la carne. De ninguna manera intentes hacer trampa y picarla a máquina, el tartar tiene que tener trozos que se noten, más o menos regulares según la habilidad con el cuchillo de quien lo prepare, pero nunca tiene que ser un puré. Para hacer el proceso más sencillo puedes pedir en la carnicería que corten la ternera en filetes muy finos.

Con cortes magros y con sabor como la cadera, la tapa, el lomo o la tapilla, entre otros, puedes conseguir un tartar campeón. Si puedes encontrarlo, un poco de takuan encurtido y fermentado, también le dará mucho sabor, lo venden envasado en tiendas de alimentación asiática.

La mezcla de sésamo, wasabi y alga nori, con un poco de sal, se vende en Japón como una de las versiones más clásicas de furikake para aliñar el arroz. También se usa para ensaladas, sopas, fideos o platos de pescado crudo. En Japón es un auténtico salvavidas para los que no saben cocinar, así que cualquier despensa se puede beneficiar de sus bondades.

La finalidad de poner la soja en la base del plato es meramente estética: si la mezclas con el resto antes de llevarlo a la mesa la salsa lo teñirá todo y llegará una masa de color marrón oscuro menos bonita a la vista.

Si te gusta que el tartar quede más amalgamado, puedes cambiar la soja por un poco de salsa teriyaki, pero ten en cuenta que también le dará un punto dulce.