Equidad

"Como universitarias recién tituladas no sufrimos discriminación laboral con respecto a nuestros compañeros. Sin embargo, la desigualdad se va fraguando con los años trabajados, en virtud de que ellos reciben promociones, ascensos de puesto y de sueldo.

El punto es que la mujer debería ascender en el mundo laboral a la par que el hombre, pero se lo impide el llamado ""techo de cristal"", el cual coincide con el momento en que las parejas comienzan a formar una familia, la mujer tiene los hijos y, a menudo, cae sobre ella todo el peso del cuidado del hogar y de los hijos. Mientras los hombres siguen ascendiendo profesionalmente, la mujer utiliza su tiempo para el beneficio del desarrollo de la sociedad.

""La división sexual del trabajo es un obstáculo enorme porque las mujeres son las cuidadoras, las que hacen el trabajo no remunerado en la comunidad, en el ámbito rural e indígena, e incluso trabajan en actividades económicas pero sin remuneración, como en empresas familiares u organizaciones sin fines de lucro, y todo esto tiene que ver con el ejercicio de sus autonomías y libertades"", expuso María de la Paz López Barajas, consultora regional de Fondo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la Mujer (UNIFEM), al ser entrevistada con motivo del comunicado hecho por la Asamblea General de la ONU, al anunciar la creación de una nueva entidad llamada ONU Mujeres, para la igualdad de género y promoción de la mujer. La cual iniciará sus operaciones en enero de 2011 y formará alianzas con organizaciones de la sociedad civil que trabajan en defensa de los derechos de las mujeres.

La equidad de género es la capacidad de ser equitativo, justo y correcto en el trato de mujeres y hombres según sus necesidades respectivas. La equidad de género se refiere a la justicia necesaria para ofrecer el acceso y el control de recursos a mujeres y hombres por parte del gobierno, de las instituciones educativas y de la sociedad en su conjunto.

La solución no está en que la mujer abandone las tareas del hogar para dedicarse al mundo laboral, sino en que el hombre tome conciencia de la importancia que tiene el cambio de pañales, el llevar a los niños al colegio o al médico, el elaborar las papillas o el despertarse a media noche para arrullar al bebé. Actividades como éstas son fundamentales para el desarrollo de una familia y, por lo tanto, el de toda la sociedad. Lo más deprimente de todo es que el hombre viva con una venda en los ojos y no sea capaz de sacrificar el tiempo que debería dedicar a estas tareas a cambio de un ascenso profesional y/o de salario, a cambio de éxito individual. Hasta que los hombres no vean el valor de dormir a un niño, la mujer seguirá sin tener tiempo para realizarse profesionalmente. No es la mujer la que debe adaptarse a los ritmos del hombre, sino al revés.

Hoy resulta más difícil de creer que el hombre no es apto para las labores domésticas y culinarias, cuando los que son reconocidos como los mejores chef son hombres y cuando ya hay aparatos domésticos que realizan prácticamente cualquier labor del hogar, ¿No es acaso el hombre el que se ufana de manejar mejor las máquinas?

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