Erótica Náhuatl, el último libro de León-Portilla
El último libro del filósofo e historiador. Cortesía

No existe una forma más honesta de amor y pasión que el erotismo. De eso habla Erótica Náhuatl, última obra del filósofo e historiador Miguel León-Portilla (1926-2019), que dispuso de toda la fuerza y conocimientos acumulados a sus más de 90 años para relatar el lado desconocido de la literatura náhuatl, por la que se desvivió hasta su último suspiro el pasado 1 de octubre.

En este libro, que finaliza un camino emprendido hace seis décadas, el emérito anticipa el descubrimiento de un modus vivendi ajeno al imaginario colectivo contemporáneo, no el de los indios rígidos moralistas, sino aquel en el que el amor y el sexo no solo fueron una fuente de inspiración y regocijo; además, representaron la oportunidad de trazar la composición y costumbres sociales de la época, ilustradas magistralmente por Joel Rendón.

Los vocablos y conceptos distanciados en significación entre culturas pueden encontrarse más aproximados de lo que aparentan. Con este poemario, León-Portilla logra romper paradigmas y tabúes sobre las prácticas ancestrales menos pudorosas, a la vez de quebrantar las barreras del espacio, llegando a lugares que fueron impensables por mucho tiempo.

Desde esta perspectiva, Erótica Náhuatl (Artes de México) elabora una radiografía de la concepción de lo erótico en Occidente, construida a partir de la cosmovisión y la herencia frenética griega, que veía en Eros una figura omnipresente al momento de encender la llama mental y genital de los deseos carnales más profundos del ser humano, sin prejuicios ni distinciones.

Los pueblos nahuas, aunque ignorantes de las deidades del mundo grecolatino, le otorgaron al erotismo la misma importancia que cualquier otra civilización, valiéndose de un canal tan poderoso como lo es la literatura.

A lo largo de los cinco poemas en lengua indígena que conforman el texto, pueden encontrarse paralelismos con el México actual —semánticos sobre todo— que resulta imprescindible subrayar.

Chilchotl, itotouh, qualli, tlapilotinemi, palabras en náhuatl que acompañadas por la mano de Rendón revelan la evolución que han experimentado hasta hacer parte del argot popular que hiperboliza el poder del falo masculino, capaz de enfermar de placer a una princesa virgen necesitada de tenerlo, como relata “La historia del Tohuenyo”, el poema con el que el León-Portilla introduce.

Las relaciones de poder también surgen como una excusa para explorar la sexualidad humana, así lo fue en la Mesoamérica dominada por los mexicas, tanto como lo es en una sociedad que privilegia a unos pocos. Entre los pueblos nahuas surgieron poetas como Aquiauhtzin que transformaron la guerra y el dominio en asedio erótico sumamente explícito, otorgándole fuerza a la libertad y goce sexual de las mujeres en un constructo patriarcal, por paradójico que esto parezca incluso en nuestros días.

Es a través de estas similitudes culturales que Erótica Náhuatl adentra al lector en un universo de símbolos abigarrados que resultan al mismo tiempo discordantes y convergentes, mostrando a la sexualidad libre de las interpretaciones limitadas que históricamente se le han conferido.