Esa noche

Esa noche

Los thrillers construidos alrededor de la típica pregunta “¿qué harías tú?” llevan funcionando mucho tiempo porque apelan directamente al espectador, obligándole a ponerse en el lugar de los personajes. Y la serie de Netflix Esa noche explora precisamente eso mismo, planteando algo tan simple como perturbador: ¿qué harías si tu hermano o tu hermana te llamara en mitad de la madrugada para confesarte que ha matado a alguien?

A partir de ese punto de partida, la serie —creada por Jason George, conocido por su trabajo en Narcos— construye un relato lleno de perspectivas cambiantes, narradores poco fiables y verdades que cambian según quién cuenta la historia.

La llamada

La adaptación de la novela homónima de Gillian McAllister es una ficción que comienza como un thriller sobre las consecuencias de un crimen accidental, pero que poco a poco se transforma en algo más complejo: un drama familiar que examina hasta dónde puede llegar la lealtad entre hermanos cuando la culpa y la justicia se entrelazan entre ellos.

La historia arranca en República Dominicana, donde Cris (Paula Usero) está cerrando su refugio de animales. En ese momento, la protagonista recibe la llamada desesperada de su hermana pequeña, Elena (Clara Galle). Al acudir a ayudarla encuentra su coche abandonado cerca de una playa y a su otra hermana Paula (Claudia Salas). Bajo el vehículo descubren el cadáver de un policía.

Ante el pánico, las tres hermanas toman una decisión extrema: enterrar el cuerpo y destruir las pruebas para evitar que Elena, madre soltera de un bebé, acabe en prisión. Pero ese pacto desencadena una cadena de secretos y mentiras que empieza a resquebrajar su relación y amenaza con destruir su familia.

La serie juega con dos recursos muy conocidos del género: el gancho moral de la empatía y una narración que recuerda al efecto Rashomon, donde los mismos hechos se cuentan desde distintos puntos de vista. Durante los primeros episodios la historia repite algunos acontecimientos desde perspectivas diferentes, revelando poco a poco nuevas capas del misterio.

A partir del tercer episodio, la ficción cambia de marcha y acelera. La historia empieza a reescribir lo que el espectador cree saber, y cada nuevo punto de vista abre un nuevo dilema moral. La trama deja de ser solo un thriller sobre un crimen y se convierte en una reflexión sobre culpa, justicia y lealtad familiar.

Cada capítulo ronda los 40 minutos y mantiene un ritmo bastante ágil, más centrado en las consecuencias emocionales y morales de las decisiones de los personajes que en los giros de la trama en sí. Además, la serie consigue sostener el suspense incluso cuando el misterio parece aclararse, porque lo importante pasa a ser cómo cambia nuestra percepción de los hechos.

Uno de sus mayores aciertos es que ningún personaje es completamente inocente ni completamente culpable. Todos arrastran contradicciones, errores y momentos de humanidad que complican cualquier juicio moral. Es precisamente en esa zona gris donde la serie encuentra su empuje y nos atrapa. Conmigo lo ha conseguido hasta el final.

Crimen imperfecto

Esa noche tiene su energía, ritmo y cierta gracia durante sus primeros episodios, en el que su ligereza permite aceptar a tres personajes —dos de ellos, sobre todo— que son retratados de una manera un tanto brutal.

Se trata de la peor combinación posible para un trío de improvisadas criminales, ya que son impulsivas (la mayor), desconocen casi todo acerca del mundo real (especialmente las dos más chicas, por distintos motivos) y no paran de cometer error tras error en un lugar en el que ese tipo de cosas pueden costar caro. En un punto, y cuando la serie se torna más densa y violenta, esa lógica se les volverá en contra, ya que en lugar de caerles simpáticas a los espectadores es probable que generen más rechazo e incomprensión que otra cosa.

De todos modos, el creador Jason George —que se apoyó en una novela inglesa escrita por Gillian McAllister llamada originalmente That night— hace lo posible por empatizar con un trío de chicas que llevan encima un trauma familiar, que actúan primero y preguntan después, y que tienen una relación entre ellas que está muy marcada por ese pasado doloroso. Ahora bien, sueltas en un país latinoamericano en el que hay personas con una lógica distinta en cuanto a cómo manejarse con los turistas, su inocencia bordea lo irritante.

Tomada con la ligereza propia de una novelita de vacaciones, Esa noche se ve rápido y se olvida en pocos minutos. Tiene a su favor a tres buenas actrices comprometidas con sus roles, por más que cada uno de ellos esté diseñado de una manera un tanto simplista. La serie no apuesta a la parodia en plan hermanos Coen, pero quizás ese podía haber sido una mejor elección de tono para contar sus desventuras. Es que, si uno las toma en serio, se merecen cualquier cosa que les pueda suceder.