"Fabián Rivera * CP. El poeta chiapaneco Balam Rodrigo visitó Chiapas, para presentar sus libros de poesía ""Cuatro murmullos y un relincho en los llanos del silencio"", ""Bitácora del árbol nómada"" e ""Icarías"", títulos que han significado para el autor, originario de Villa Comaltitlán, diversos reconocimientos nacionales que han confirmado el valor de su literatura.
Comitán de Domínguez y Tuxtla Gutiérrez fueron las sedes que recibieron el talento de Balam, una de las voces poéticas más reconocidas a nivel nacional en las últimas décadas.
El Corazón de la Madre Tierra, en Comitán de Domínguez, abrió sus puertas para recibir a la poesía de Rodrigo, el jueves 16 de agosto. El autor contó con la compañía y los comentarios del poeta y artista plástico Arbey Rivera, el poeta Roberto Rico y la narradora Bertha Maldonado.
La siguiente sede fue el Departamento de Servicios Culturales de la Secretaría de Educación, el viernes 17 de agosto. En dicha presentación, Balam contó con los comentarios de Adolfo Ruiseñor, Matza Maranto, y quien suscribe esta nota.
A continuación, transcribo el texto al que di lectura en esa ocasión. Un breve comentario en torno a ""Icarías"".
Escribir en las entrañas
de una urbe imaginaria
Diversos rasgos son los que conforman el rompecabezas -en realidad, eternometraje- que significa ""Icarías"", a mi consideración el título que consolida el trabajo literario de uno de los poetas chiapanecos más laureados de los últimos años.
Desde el lenguaje mineral de ""Hábito lunar"" (editado por Praxis en 2005), hasta el más reciente título, ""Cuatro murmullos y un relincho en los llanos del silencio"" (Ediciones La Rana, 2012), título que abreva y honra a ""Pedro Páramo"" de Juan Rulfo, ""Icarías"" es un punto central para conocer su obra, para contemplar su evolución poética, la cual se halla de forma evidente, en permanente transición.
Es este uno de los principales elementos que conforman ""Icarías"". Transición, proceso, retrospectiva, así se puede definir grosso modo este libro, que concentra su fuerza evocativa en un solo acto: leer.
Un leer que supera la dimensión libresca, por lo común acotada a este hecho. ""Icarías"" es un leer en este siglo donde el concreto reina, donde la urbe es la aldea por excelencia y que deja sentir su impronta en América Latina. Es un debatirse entre una realidad gris de cemento, y el fardo natural al que todos, en esta parte de la tierra, nos debemos.
""así troto por las calles / porque inmensa es la ciudad y abandonada / y herrumbrada como los ocres páramos que extraño/ fríos y violentos y también inmaculados / porque en esta urbe no hay ni siquiera una astilla de pureza"" (p. 12)
En este ambiente rudo, áspero, dominado por edificios gigantescos (y es bien cierto que aún en puntos álgidos de provincia también tenemos nuestros propios Atlas de concreto), donde el poeta se da a la tarea de trasladar dicha lectura, esta traducción de la realidad, sobre la limpieza de un ""cántaro lleno de agua"", en el que él no busca redimirse, sino encontrar una lógica al todo abigarrado, caótico e imponente que significa la ciudad frente a sus ojos.
Esto responde en cierta medida a la construcción del discurso del libro, en el que existe una disposición ortográfica muy peculiar desde el principio, aludiendo a una realidad fragmentaria, de la cual el poeta parece haber rescatado sólo algunos recortes, y tal parece que su deseo es perpetuar pedazos de memoria como se conserva la luz negra del recuerdo, cual si estuviera elaborando un diario de sí mismo y quisiera imponerse ante lo inevitable: la muerte que diariamente la ciudad procura a quienes deciden habitarla.
Así pues, en Icarías el lector enfrenta no un poema total, sino la acumulación de los escombros que es imposible dejar para el olvido. Estamos pues, frente un fragmento de fragmentos, a un texto de muchos textos que aspiran a ser un solo poema vivo, latiendo en agonía como las calles de esa urbe imaginaria que todos llevamos en la médula.
En compañía de un perro (""ángeles de yelo negro, niños de niebla / que muerden olvido en el insomnio""), este Ícaro de letras que vaga por un pueblo infinito para emular sobre los muros de la ciudad ""¿grafismos? ¿grafurias? ¿grafuegos? ¿graformas?"", es en realidad un ""antiícaro"" que busca no volar, sino caer.
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