Escribir es afeitar a Dios y al diablo al mismo tiempo

De mirada limpia y hablar pausado, como reflexionando cada frase, como acariciando las palabras. Así es Élmer Mendoza (Culiacán, México; 1949), uno de los padres de la narcoliteratura. En su nueva entrega de las aventuras del detective “El Zurdo” Mendieta hay una frase que sobresale: “Quién sabe quién sea más peligroso, un honrado o un corrupto”. Mendoza considera que “es más peligroso, desde luego, un corrupto, porque está expuesto. Pero del que dice que es honrado, cuídate”. Más allá de su nueva novela, Besar al detective (Literatura Random House), reflexiona sobre el presente de su país: “La percepción que tenemos es que podemos trabajar, podemos vivir. Pero han surgido eventos como Ayotzinapa o Veracruz. El narco sigue siendo la puerta negra que abre todos los delitos”.

¿Cómo sería su lector perfecto?

Inteligente. Curioso. Y que ame ser sí mismo, sea quien sea.

¿Cuál es su rutina diaria?

Empiezo a las cinco, cinco y media de la mañana. Mis periodos de escritura son breves, de 40-50 minutos.

¿Qué personaje literario se asemeja a usted?

Arturo Pérez-Reverte dice que “El Zurdo” Mendieta.

¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?

Pero ya está muerta… con Batya Gur (escritora judía experta en novela policiaca).

¿Qué cambiaría de los últimos 30 años de América Latina?

La endeble idea de la democracia que tenemos y con la que nos conformamos.

¿Qué significa ser escritor?

Es afeitar a Dios y al diablo al mismo tiempo. A uno con la mano derecha y a otro con la izquierda y luego lo alternas.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

Las ventanas… la de mi casa, la de mi estudio, la del hotel.

¿Qué libro le hubiera gustado haber escrito?

Noticias del imperio, de Fernando del Paso.

Si pudiera adquirir una pintura, ¿cuál sería?

El jardín de las delicias, de El Bosco.

¿A dónde vuelve cuando sufre?

A la iglesia que tengo más cerca de casa.