La primera vez que Bruno Santamaría llegó a la isla El Roblito, en Nayarit, se sorprendió que prácticamente solo hubiera niños, sin la presencia notoria de adultos.
El egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica había escuchado que a ese lugar Santa Claus llegaba todos los años y les aventaba dulces, por lo que decidió visitar dicho pueblo.
Ahí comenzó, entre fogatas y contando historias de cocodrilos, a conocer a sus habitantes, a darles clases de video y a decirles que en un documental, los personajes existen en la vida real. “Y ahí había un niño que se distinguía por encima de todos los demás, Arturo, de 14 años”, recuerda Santamaría.
De esa manera surgió Cosas que no hacemos, documental que forma parte del festival Hot Docs en Canadá, uno de los más importantes del género en el orbe. El largometraje sigue al adolescente que día a día junta el valor que necesita para contarle a su familia sobre esas supuestas cosas que no deben hacerse, como en su caso, vestirse de mujer.
“Para mí es una película sobre crecimiento, para transformarse poco a poco en adulto. El el caso de Arturo tiene que ver con una temática sexual, de vestir de mujer. La temática principia, surge, de un cuestionamiento que su mamá dice sobre por qué guardar un secreto a los padres”, precisa Santamaría.“También está la historia de Carlitos y la ausencia de sus padres que tenía que irse lejos a trabajar”, abunda el realizador.
Cosas que no hacemos fue uno de los filmes afectados por la contingencia sanitaria, pues estaba contemplado para los certámenes de Guadalajara, México y Bafici, Argentina, ambos aplazados por la pandemia.
También era parte de la Gira Ambulante de documentales, que por ahora estudia si será repuesto tan pronto acabe la pandemia.











