Hablar de Q Lazzarus es habitar el misterio de alguien que estuvo en el pináculo de la fama y de pronto desapareció sin dejar rastro. Entre 1991 y 1992 todo mundo conoció su voz gracias a la oscareada El silencio de los inocentes y una secuencia en la que un hombre que quitaba la piel a sus víctimas mujeres, baila enajenado frente al espejo, mientras a unos metros, en una fosa, una chica buscaba escapar.
Esa canción, titulada “Goodbye horses”, había sido lanzada oficialmente en radio a finales de los 80 y, aunque tuvo una buena aceptación, fue hasta que llegó a la cinta protagonizada por Jodie Foster y Anthony Hopkins, que tuvo un revival inesperado.
Q Lazzarus, su intérprete, que para sostenerse manejaba un taxi en Nueva York, entró al cine de manera casual, cuando en uno de sus turnos fue abordada casualmente por el cineasta Jonathan Demme, quien comenzó a escuchar atento un caset que la artista venía escuchando.
Cuando el realizador le preguntó de quién era la música, se sorprendió con su respuesta, y más cuando supo que al día siguiente esa conductora se metería a grabar a un estudio. Convencido de su talento, Demme incluyó el tema “The candle goes away” en su filme de 1986, y dos años después, “Goodbye horses”, en Casada con la mafia, y lo recuperaría en los 90 para El silencio de los inocentes.
En Filadelfia aparece cantando en una fiesta en que los personajes interpretados por Tom Hanks, ya contagiado de sida, y su pareja, Antonio Banderas, bailan melancólicamente vestidos como marineros, al tiempo que Denzel Washington hace lo propio con el de su esposa.
Pero a mediados de los 90, Q Lazzarus (Diane Luckey, su verdadero nombre), decidió alejarse de todo reflector. Nunca se supieron las causas reales. Lo único que se sabe es que después del éxito de la canción, jamás logró tener apoyo ni contrato alguno para seguir en la música.
Luego, por falta de dinero, la corrieron de su departamento y vivió en la calle un tiempo, fue detenida por presuntamente posesión de drogas y después, en un vuelco a su historia personal, se casó y tuvo un hijo. Y siguió manejando un taxi.
Un día, así como con Demme décadas atrás, conoció a la cineasta mexicana Eva Aridjis, con quien trabó amistad. Comenzaron a platicar y Eva la convenció para hacer un documental tras varias horas de entrevista y seguimiento. De hecho, preparaban su retorno a los escenarios, cuando la muerte le llegó a los 61 años de edad.
La única noticia de su fallecimiento, ocurrido en 2022, fue a través de una breve esquela que tomó desprevenidos a los medios porque justo, aunque ya no estaba vigente, todos recordaban la canción. “Diane Luckey, nacida en Neptune, New Jersey, recibió sus alas de ángel el martes 19 de julio de 2022, después de una breve enfermedad. Los servicios funerarios se llevarán a cabo el martes 2 de agosto de 2022 en Jackson Funeral Home en Neptune NJ”, se leía en el breve texto.
El próximo 30 de abril, la existencia de la cantante llegará a las nuevas generaciones y a la memoria de las más añejas, a través de los cines mexicanos, con Goodby horses: las muchas vidas de Q Lazzarus.











