Estudian “belleza” de cráneos deformados

Cráneos de mujeres que vivieron en Baviera a principios de la Edad Media. Cortesía
Cráneos de mujeres que vivieron en Baviera a principios de la Edad Media. Cortesía

Se diferenciaban por su aspecto físico. Pero sus atributos no tenían nada que ver con su altura, sus curvas voluptuosas o su bonita cara. La “belleza” de esas mujeres que residían en Baviera durante el inicio de la Edad Media radicaba en la cabeza. En su cráneo, para ser más precisos. Los huesos propios de sus cabezas habían sido deformados artificialmente al nacer.

“Eran inmigrantes, probablemente del sureste de Europa, de los actuales territorios de Rumania, Bulgaria y el norte de Grecia. Y claramente se debieron diferenciar de la población local por su aspecto físico, porque tenían cráneos alargados y sus ojos, cabello y quizá también la pigmentación de su piel eran diferentes”, apunta un equipo de investigadores de Alemania, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos que ha analizado el ADN de 41 individuos enterrados a finales del siglo V o comienzos del siglo VI en diferentes sitios del sureste de Alemania.

Mientras que la mayoría de los bávaros antiguos eran, genéticamente hablando, europeos del norte y centro, este grupo analizado tenía un perfil genético muy diferente y diverso. Sus miembros “eran particularmente notables”, mujeres con enigmáticas deformaciones que daban a sus cráneos una forma de torre y que no presentan indicios de estar vinculadas genéticamente con los soldados del ejército romano.

Este tipo de práctica se han encontrado en poblaciones de todo el mundo y en distintas épocas. “Los padres envolvieron las cabezas de sus hijas con vendajes durante unos meses después del nacimiento para lograr la forma deseada de la cabeza”, explica la doctora Michaela Harbeck. “Es difícil responder por qué llevaron a cabo este elaborado proceso, pero probablemente se usó para emular un cierto ideal de belleza o tal vez para indicar una afiliación grupal”, añade.

“La presencia de estos cráneos alargados en partes de Europa del Este se suele atribuir a los nómadas hunos, liderados por Atila, durante su invasión del Imperio Romano de Asia. La aparición de estos cráneos en Europa occidental es, sin embargo, más misteriosa“, afirma Krishna Veeramah, profesor de la Stony Brook University de Nueva York y autor principal de la investigación.