Estudian danza con duelas y barras dañadas

La Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello del Inbal es una de las instituciones más prestigiosas. Cortesía
La Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello del Inbal es una de las instituciones más prestigiosas. Cortesía

Desde la fachada deteriorada y vandalizada de la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello del Inbal, en la cara que da al Periférico, nadie sospecharía que es una de las instituciones de educación artística más importantes del país, el proyecto fundado por las hermanas Campobello en 1931.

La única pista exterior de que es una escuela de arte son los tendederos y pancartas en la reja, una protesta visible también en la otra fachada, en el número 480 de Campos Elíseos, donde colocaron un letrero para identificar la escuela; los estudiantes afirman, desencantados, que fue puesto por la visita de las autoridades culturales. La queja es precisa: la gente no sabe que existimos, dicen. “Formar artistas también implica justicia laboral”, “El arte se paga”, “Pendejear no es una manera de enseñar”, se lee en las pancartas de protesta. Ante las inconsistencias y la falta de transparencia y de trato digno a los alumnos, el 27 de abril la comunidad (un promedio de 160 inscritos) inició un paro total de actividades.

La poca claridad y los salarios que le deben a maestros interlocutores (profesores que vienen de una comunidad específica a enseñar de forma práctica y teórica una danza o baile) fueron los principales detonantes de la protesta. Los alumnos, que prefieren no revelar su identidad, precisan que son siete interlocutores a los que se les adeudan hasta seis meses (estiman, en total, que la cifra asciende a 100 mil pesos). Además, hace dos meses se les dijo que podían volver a tomar clases presenciales. En julio del año pasado la escuela entró en remodelación y los estudiantes empezaron clases de forma virtual e híbrida. A finales de enero, toda la comunidad volvió a la escuela (los estudiantes y los cerca de 70 maestros), pronto se percataron que allí seguían muchos de los problemas de siempre. El rumor cotidiano de la falta de mantenimiento.

Obras a medias

El 11 de marzo, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, publicó en sus redes sociales el video del recorrido de entrega de las instalaciones como parte del proyecto de renovación integral; “se rehabilitaron todos los salones”, dijo la funcionaria. Celebró el valor histórico de la institución: 95 años, y el hecho de que figuras como Josefina Lavalle y Amalia Hernández están entre sus egresadas. “Se siente una mejor calidad en salones, baños, también en bancas. Se siente muy padre”, festejan los estudiantes en el video.

Desde la cuenta de Curiel, en la misma publicación, se lee: “Con una inversión de 11 millones de pesos Secretaría de Cultura rehabilitó la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, como parte del plan integral de fortalecimiento de las escuelas del Inbal”. A los estudiantes se les dijo que esta era la primera de tres etapas de remodelación. “Esta intervención forma parte de una política más amplia de fortalecimiento de la formación cultural, que contempla la inversión de aproximadamente 1,500 millones de pesos en acciones que benefician a 38 escuelas”, continúa la publicación de Curiel.

Sin embargo, la infraestructura educativa la contradice. La noche del 21 de abril, una filtración excesiva de agua en el salón 148 del Conservatorio Nacional de Música, a causa de la lluvia, comenzó a mostrar el desastre. Semanas atrás, la funcionaria habló del avance de la remodelación.

En el caso de los estudiantes de danza, las medidas son más notorias. El objetivo del paro total es “que toda la comunidad se diera cuenta de la situación que está pasando. Se trata de esclarecer, por eso se está pidiendo la auditoría de la institución, ya que, como podemos ver, estos 11 millones no son evidentes”, afirma un estudiante.

Es larga la lista de afectaciones. Una de las imágenes de más desencanto es la explanada de ensayo al aire libre. La duela levantada, sucia, bajo una carpa blanca, una lona a la intemperie, movida por el aire y que filtra el agua cuando llueve. Las historias de accidentes son comunes: jóvenes que han caído de la plataforma, que se han lastimado los pies con la madera saliente. Y un servicio de enfermería semiprofesional. Al fondo de este cuadro, decenas de bancas apiladas en un patio descuidado.