Estudian uso ritual de mandíbulas y maxilares

El historiador Guilhem Olivier, la bioarqueóloga Ximena Chávez Balderas y el doctor en Ciencias Dídac Santos-Fita sumaron esfuerzos para realizar el libro A la búsqueda del significado del uso ritual de mandíbulas humanas y animales en Mesoamérica, en el que reúnen y analizan los documentos relacionados con el estudio del uso ritual de los maxilares y mandíbulas.

El libro publicado recientemente por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) pretende dar una explicación general sobre el uso de las mandíbulas y maxilares, pero sin centrarse en una cultura en específica, explica Guilhem Olivier, del Instituto de Investigación Históricas de la UNAM.

“Para este estudio tomamos ejemplos de Teotihuacán, Tenochtitlán, Casas Grandes, Chihuahua; Oaxaca e incluso de Belice. Es decir, los grabados en mandíbulas era una práctica que se hacía en todo Mesoamérica e incluso más allá. Manejamos una documentación muy fragmentaria y tratamos de reunir los datos para documentar este uso”, dice Olivier, coautor del libro.

El documento conformado por 124 páginas está dividido en cuatro apartados: Los testimonios de la etnografía; Las mandíbulas humanas y animales en el registro arqueológico mesoamericano; La iconografía de las mandíbulas, y El simbolismo de las mandíbulas; además de las conclusiones, el apéndice y la bibliografía.

A lo largo del texto, se documentaron aproximadamente 30 casos de maxilares y mandíbulas que se caracterizan por contar con una serie de elementos iconográficos que fueron analizados.

Uno de los casos más representativos es el de una mandíbula de un hombre joven que habría vivido en el Posclásico Tardío y que actualmente está en el museo del Centro Cultural España.

Esa mandíbula tiene la cabeza de una serpiente, que era Mixcóatl, dios de la cacería y también vinculado a los antepasados. Además, aparece una “xiuhcóatl” (serpiente de turquesa), aunque en realidad eran dos, pero la mandíbula no se conservó completa.

“La calidad del grabado es muy detallado y corresponde al arte mexica de lo más elaborado. Mixcóatl era un deidad vinculada con el sacrificio, obviamente el personaje fue sacrificado. La xiuhcóatl era el arma que Huitzilopochtli usaba para matar”, detalla el especialista.

Sin embargo, el investigador de la UNAM señala que la mandíbula encontrada en el centro histórico de la Ciudad de México es apenas una muestra de todo un análisis más profundo, pues para su estudio se contemplaron más de 30 casos.

“No todos los casos están relacionados con cuestiones sacrificiales, algunas mandíbulas solo cuentan con motivos geométricos, aún no sabemos el significado de esos elementos. También hay casos, sobre todo de Oaxaca, en los que se les grabó una fecha, porque se podría referir al nombre calendárico de la persona o al nombre de la persona que lo capturó”, dijo.

Otros elementos a considerar

Durante la elaboración de su estudio sobre las mandíbulas y los maxilares, los investigadores vieron que no solo fueron grabadas sino que en algunos casos fueron modificados a partir de incrustaciones. “Lo interesante de ahí es el procedimiento, es decir, Ximena Chávez Balderas detecta las huellas para saber cómo se llevó a cabo la limpieza de la mandíbula, su tratamiento y ve las huellas de cómo se habría quitado la carne”, indicó.

Además de analizar esas otras características en los vestigios, Guilhem Olivier señala que también surgió un gran interés por conocer el significado de conservar los cráneos y las mandíbulas, aún más porque éstas últimas no eran únicamente de humanos, también había de animales.

“Lo interesante es ver el simbolismo de las mandíbulas y maxilares en un marco más amplio, en el tema de la cacería y cuestionarse sobre qué se hacía con los cráneos de las presas de cacería y de guerra, es decir los cautivos, porque en la época prehispánica, la cacería era muy similar a la guerra, muchas veces la meta era capturar vivo al animal para después sacrificarlo, lo mismo era con los guerreros, se tenía la idea de poseer los cráneos como trofeos”, refirió.

Olivier explica que otro aspecto que se debe tomar en cuenta es que los restos como cráneos y huesos en general, durante la época prehispánica eran considerados como semillas, porque se tenía la idea de que si enterraban en lugares específicos, habría un renacimiento de las presas de guerra, así como de los cautivos sacrificados: “Es una lógica que encontramos también en las prácticas actuales de varios pueblos indígenas que aún cazan”.