Veintitrés relatos de amor y violencia secretamente entrelazados por un fino hilo narrativo y un rico lenguaje que recrea azarosas peripecias en un mundo sensual y mágico. Veintitrés cuentos memorables de la autora chilena Isabel Allende escritos con exquisita precisión y profundo conocimiento del alma humana, con un tono siempre contenido, casi secreto, en contraste con las extraordinarias imágenes, el paisaje exuberante y las extravagantes pasiones que determinan el destino de los personajes.
¿De qué trata?
Eva Luna es una ladrona de historias que utiliza la narrativa como un medio de supervivencia y resistencia en un país latinoamericano ficticio inspirado en la Venezuela donde Allende vivió exiliada. Explora el mestizaje, la identidad, la injusticia social y la búsqueda de la libertad personal en un contexto de agitación política.
Además de Eva, la trama sigue a Huberto Naranjo (líder guerrillero) y a Rolf Carlé (un fotógrafo austriaco marcado por el nazismo) cuyas vidas se entrelazan con la de la protagonista. “Me llamo Eva, que quiere decir ‘vida’, según un libro que mi madre consultó para escoger mi nombre. Nací en el último cuarto de una casa sombría y crecí entre muebles antiguos, libros en latín y momias humanas, pero eso no logró hacerme melancólica, porque vine al mundo con un soplo de selva en la memoria”, cuenta.
Esta es la voz que nos transporta a través de Eva Luna, la voz segura de una narradora natural e inventiva, una mujer que nos relata la historia picaresca de su propia vida (nació pobre, fue huérfana a una temprana edad, y finalmente ella se elevará a una posición de influencia única) y de la gente, de todos los niveles de la sociedad, que conoce a lo largo de su camino. Incluyen a los ricos y excéntricos, para quien trabaja como sirvienta; el emigrante libanés que se hace amigo de ella y le da un lugar para vivi; su lamentable madrina, cuyo cerebro es afectado por el ron y que cree en todos los santos católicos, algunos de origen africano, y algunos de su propia invención; un niño de la calle que se convierte en un delincuente insignificante y, más tarde en un líder de la lucha guerrillera; un artista célebre transexual que le enseña con gran ternura y comprensión sobre la forma de ser de los adultos; y un joven refugiado cuyo vuelo desde la posguerra Europea será crucial para el destino de Eva.
Mientras Eva cuenta su historia, Isabel evoca una entera y compleja nación de Sudamérica: los ricos, los pobres, los sencillos, y los sofisticados; en una novela repleta de personajes e incidentes, con drama y comedia e historia, una novela que va a deleitar y a aumentar su devota audiencia. Cuando la autora puso el punto final de Eva Luna, logró tatuarse un símbolo que honra su epidermis: dejó de ser chilena, peruana o venezolana, y pasó a ser intensamente latinoamericana.
La pluma de Isabel Allende es capaz de sumergirte en cada capítulo, mezclando la realidad con los recuerdos y la fantasía de la protagonista, tal y como expusieron The Washington Post y The Philadelphia Inquirer. La novela también tiene un toque feminista. En sus páginas se puede apreciar el tema de género en algunos diálogos y cómo ella construye a una protagonista independiente, fuerte y desafiante.Z.












