Zelda Perkins, una asistente británica de Harvey Weinstein, asegura haber sido acosada por él hace casi 20 años y que para callarla le pagó 165 mil 200 dólares. Hoy, por violar el acuerdo de confidencialidad, no le importa reembolsar esa cantidad con tal de sacar a la luz lo denigrante que es comprar el silencio.
La mujer dijo al diario británico Financial Times que firmó el acuerdo en 1998, pero que en este, Weinstein no aceptaba culpabilidad, más bien era para no litigar. En el proceso la hicieron “sentirse avergonzada por haber revelado el comportamiento” del fundador de Miramax.
El productor le pidió masajes en distintas ocasiones e intentó meterla en su cama, esto último cada vez que ella debía despertarlo, como parte de su trabajo. La antigua asistente aguantó estas insinuaciones hasta que una compañera de trabajo le reveló que Weinstein había abusado de ella.
Ambas acudieron a un despacho de abogados para tomar medidas. Pero les aconsejaron que llegaran a un acuerdo y se conformaran con una compensación. “Dijeron que me destruiría” recordó Perkins. “Estaba muy molesta porque el objetivo era exponer su comportamiento para que parara”, explicó.
Incluso fueron más lejos, según palabras de la ex empleada de Weinstein: “Me advirtieron que él y sus abogados intentarían destruir mi credibilidad si iba a los tribunales. Me dijeron que me destruiría a mí y a mi familia”.
Perkins explicó que Weinstein le pedía los masajes estando en ropa interior cada vez que se quedaban solos en una habitación de hotel, donde era común que trabajara.












