El Museo de Arte Carrillo Gil inauguró la muestra “La otra Lola: documentación, persuasión y experimentación fotográfica 1930-1955”. La exposición reúne fotografías, revistas, libros, fotomontajes e incluye una película de dos minutos protagonizada por Frida Kahlo, que dan muestra de “muchas dimensiones de la obra fotográfica que no se conocían de Lola (Álvarez Bravo)”, indica la curadora Deborah Dorotinsky.
Este archivo es resultado de una investigación de poco más de diez años que realizó la también historiadora de arte. Parte del acervo en exhibición también fue descubierto por el coleccionista Arturo Saucedo, quien compró unos libros que contenían imágenes que la propia Álvarez Bravo había impreso y pegado.
“Tenía la preocupación de poder mostrar de alguna manera coherente los resultados de diez años de investigación que partieron de un encuentro con la revista Maestro rural”, explicó Dorotinsky en conferencia de prensa.
La publicación Maestro rural nació en 1932 y fue un proyecto de la Secretaría de Educación Pública. En sus páginas, Dorotinsky vio fotografías que consideró eran muy profesionales, pero que no tenían firma del autor, pues en ese entonces las revistas y periódicos no acostumbraban a dar crédito a sus fotoperiodistas.
“Tras una búsqueda muy larga, pero sobre todo tras un viaje que pude hacer al archivo de Lola en el Centro de Fotografía Creativa (CCP) en la Universidad de Arizona (Estados Unidos), pude cotejar muchas imágenes del Maestro rural que no tenían crédito… Y Lola, afortunadamente, siempre fue muy celosa de guardar los negativos, que nunca entregó”, añadió.
Con este cotejo fue como la especialista descubrió que esas imágenes eran de Álvarez Bravo. Detalles como el protagonismo de las manos trabajando, la presencia del Centro Escolar de la Educación, los obreros y una bovina fueron los motivos que permitieron que Dorotinsky pudiera identificar las imágenes de la fotógrafa. “Se van a repetir fragmentos de unas fotos en otros lugares y a veces esa será la única manera de identificar que la imagen es de Lola”, explica la curadora.
Con esta exposición, la especialista se propone “echar mano con lo que se tiene” de la obra de Lola Álvarez Bravo para presentarla al público mexicano, pues destaca que desde 1992 no se ha hecho una gran exhibición de la fotógrafa, cuyo archivo no se encuentra en México. Se divide en tres núcleos, el primero consiste en las fotografías publicadas en la revista Maestro rural y los paisajes que capturó la mexicana, que tienen tintes de “surrealismo”, aunque la curadora destaca que Lola nunca se definió como integrante de alguna vanguardia.
La segunda parte de la muestra es “Persuasión”, que muestra los trabajos de propaganda que hizo la fotógrafa durante los sexenios de Manuel Ávila Camacho, Adolfo Ruiz Cortines y Miguel Alemán. En esta sección se encuentran sus fotomontajes para ilustrar la industrialización del país, así como imágenes de la época en la que inauguró su galería de arte. El tercer y último núcleo es el de la experimentación, con trabajos fotográficos en los que Lola Álvarez Bravo “hizo un esfuerzo en representar características casi plásticas en la fotografía”, tomando inspiración de Tina Modotti y Edward Weston, indica Deborah Dorotinsky.
“La otra Lola: documentación, persuasión y experimentación fotográfica 1930-1955”, que concluye hasta septiembre, contará con un programa especial alterno. Los fotógrafos que participaron en la muestra de 1992 de Lola Álvarez Bravo, Javier Hinojosa, Lourdes Almeida y Gabriel Figueroa participarán en una mesa redonda sobre la obra de la fotógrafa.
Un grupo feminista, formado por exalumnas de Deborah Dorotinsky, presenta el proyecto “Despatrializar el archivo”, que consiste en dar una lectura feminista transgeneracional al archivo fotográfico de Lola Álvarez Bravo, una mujer que pudo viajar sola por el país durante la década de los años 30, actividad poco común entonces y hoy en día para la mujer mexicana, destacó la curadora.











