¿Qué pasa después de la muerte? Esa pregunta obsesionó desde niña a Manuela Irene, cineasta que se cuestionaba a sí misma si sentiría si la cremaran o su cuerpo fuera consumido por los gusanos, o si la gente lloraría.“Cuando le pregunté a mis papás me dijeron que no sabían y yo pensaba cómo era posible eso”, recuerda la realizadora. “La verdad es que le tenía mucho miedo a la muerte, pensaba en ello obsesivamente”. Ahora, inspirada en esa etapa de su vida, escribió una película que llega a salas comerciales la semana próxima, bajo el título Monstruo de Xibalbá. Su protagonista, un niño de ocho años que pasa sus vacaciones en un pueblo yucateco en la selva, decide responder esa pregunta mientras sigue a un misterioso hombre que creen es un monstruo.
Se trata de una cinta de acción viva que tardó 14 años en concretarse (2010 a 2014). En 2021, en medio de la pandemia por covid-19, fue el primer proyecto respaldado por la convocatoria Producción de Cine para las Infancias promovido por el Focine. En México, de acuerdo con datos extraídos del Anuario Estadístico editado por el Imcine, ni siquiera el 1 % de la producción general está enfocado en los niños. La realizadora nunca habló directamente sobre el tema con Rogelio Ojeda, el niño protagonista. Se dio cuenta que no era necesario cuando el pequeño leyó en voz alta todo el guión. “Ahí me dijo ‘está bonito, pero triste’. Es hermoso, pero melancólico. Y ya. Entendí que él entendía todo lo que yo quería trasmitir”, apunta Manuela Irene.












