La bailarina cubana Alicia Alonso, figura de la danza clásica, falleció a los 98 años. Se convirtió en una leyenda de la danza en el siglo XX debido a sus interpretaciones en el escenario, del que se alejó el 28 de noviembre de 1995 con la pieza “Farfalla” en Italia.
La cubana tuvo una de las carreras más largas que se recuerdan en la danza, en la que combinó magistralmente a golpe de talento y perseverancia la más exquisita y rigurosa interpretación, el magisterio, la coreografía, y la dirección del Ballet Nacional de Cuba (BNC).
Alicia destacó desde pequeña por sus extraordinarios dotes y se convirtió en una aventajada alumna de la escuela de la Sociedad Pro-Arte Musical. Allí debutó el 29 de diciembre de 1931 como dama de la corte en el “Gran Vals” del ballet.
A finales de los años 30 del siglo pasado, se trasladó a Estados Unidos para ir la School of American Theatre. Su actividad profesional nació en el país de las barras y las estrellas en 1938 en comedias musicales como Great Lady y Stars in your eyes junto a renombradas figuras de la época, antes de integrar el American Ballet Theatre de Nueva York en 1940.
Elevada al rango de primera bailarina, actuó en escenarios de diversos lugares del mundo, y en 1943 debutó en el ballet Giselle, el personaje de la campesina ingenua, romántica y engañada que bordó al mínimo detalle interpretativo para convertirlo en el más emblemático de su extenso repertorio.
Alicia Alonso compaginó sus actividades entre el American Ballet Theatre y su propia compañía, que tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro en 1959, recibió el apoyo gubernamental y se reorganizó como Ballet Nacional de Cuba (BNC).
Fue la primera bailarina del hemisferio occidental en actuar en la entonces Unión Soviética y la primera representante americana en bailar con el Ballet del teatro Bolshoi de Moscú y el Kirov, en Leningrado (San Petersburgo) en 1957 y 1958, respectivamente.












