Miguel Garzón, quien retrató la ansiedad en un departamento de Tlatelolco para Rojo amanecer y que fue testigo del beso entre Gonzalo Vega y Roberto Cobo en El lugar sin límites, ha fallecido. La muerte del cinefotógrafo fue anunciada esta noche por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a través de sus redes sociales. “Su trabajo en la industria cinematográfica siempre será recordado”, colgó la AMACC acompañando a una fotografía del técnico en blanco y negro.
Garzón inició su carrera en el cine a finales de los 60 como asistente de cámara en Las golfas, protagonizada por Isela Vega y Gina Romand, a la cual siguieron El quelite, dirigida por Jorge Fons, y El topo, bajo el liderazgo del chileno Alejandro Jodorowsky.
Su primer oportunidad como responsable del look visual de un largometraje fue con la cinta de terror Mary, Mary, Bloody Mary, de Juan López Moctezuma. Luego fue llamado por Miguel Sabido para hacer lo propio en Celestina, proyecto que lo reuniría de nueva cuenta con Isela Vega.
Tuvo la oportunidad de tener frente a su lente a estrellas de la llamada Época de Oro del cine mexicano como Sara García en La vida difícil de una mujer fácil, Víctor Alcocer en Llámenme Mike y Rita Macedo en Los indolentes. Su más reciente trabajo fue en un documental sobre Francisco Toledo, en el 2000.
En 1990, junto con el cineasta Fons, se metió a un foro del sur de la Ciudad de México, casi sin presupuesto y con muchos objetos prestados, para rodar Rojo amanecer, basado en la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968. Optó por el Ariel en 1979, premio máximo de la Academia, por su labor en la ya mencionada Los indolentes, en donde se hace un cuestionamiento sobre si la indolencia es una enfermedad, un vicio o un estilo de vida.











