Al mismo tiempo que estudiaba cine en la UNAM, Fernando Eimbcke se ganaba la vida como barman y DJ en el Bar Milán, el lugar fundado por Daniel Giménez Cacho y que se convirtió en parada obligatoria para quien deseaba estar en las artes y tener un ingreso económico.
“Yo iba jueves, viernes y sábado y me iba muy bien. Como ‘barman’ tenía abajo (del mostrador) un libro de cómo hacer las bebidas, cuando alguien me pedía, sabía cómo hacerlo. Y como DJ me emocionaba hacer bailar a las personas. A mí siempre me ha encantado platicar con la gente y ahí lo hacía”, relata Eimbcke.
Ahora, con Moscas, única película mexicana en competencia por el Oso de Oro en Berlín y que entra al ruedo, no ha sido la excepción. Es un melodrama en blanco y negro en el que una mujer solitaria (Teresa Sánchez) renta una habitación a un hombre (Hugo Ramírez) y, sin preverlo, crea un vínculo con su hijo (Bastián Escobar). “Durante varios meses todos los ‘scouting’ (búsqueda de locaciones) los hacíamos en metro, nos íbamos por la línea azul a varias partes e iba escuchando a la gente, salían ideas para los personajes como vestuario, lo que podían usar; ya en el rodaje me iba en bicicleta a la locación, así vas conectando con la gente”, indica.
Vínculo
Eimbcke tiene una relación de amor con Berlín, ciudad donde vivió seis años trabajando en historias. Llegó por una residencia artística y después decidió quedarse y sin dirigir. “Trabajaba de todo. Nunca dejé al cine como tal, vivía cerca de una biblioteca y ahí podía ver películas porque tiene una colección enorme y leía y escribía mucho, tomaba fotos”, recuerda.
En lo que se refiere al festival, asistió por primera vez en 2003 como parte del Talent Campus. Regresó en 2008 con Lake Tahoe y el año pasado presentó Olmo en la sección Panorama, producida por Plan B, la empresa de Brad Pitt. “No sé si ya la vio, digo, su compañía produce, no sé qué piensa de ella, pero donde aceptó poner su nombre en los créditos, cuando no lo hace siempre, creo es señal de algo”, dice Eimbcke de buen humor.
Vida adulta
Moscas es su primera película en la que no hay adolescentes de por medio. Y aunque aclara que no es biográfica, si le metió cosas que le tocó vivir y ver en Alemania. “Ahora se pudo explorar partes muy complejas de la condición humana, el dolor de una pérdida, y eso es increíble e ir con un método de trabajo que algunos actores utilizan, que es el vivencial”, dice.
“El uso del blanco y negro da una sensibilidad impresionante, funcionó porque hay una cuestión ahí de unir dos universos, uno de fantasía y uno de realidad y pasó muy bien”, añade el realizador.
Moscas espera estrenar este año en festivales mexicanos.












