"Sara Regalado * CP. Con el compromiso que desde su creación la ha distinguido, no sólo al interpretar música, sino al educar y culturizar al público, la Orquesta Sinfónica de Chiapas presentó, en el Teatro de la Ciudad ""Emilio Rabasa"", un variado repertorio de música mexicana para celebrar, además de las fiestas patrias, el primer año de actividades de esta agrupación como representante sinfónica de la entidad.
Entre las obras representativas de diversos estados de la República Mexicana, como Jalisco, Michoacán y Veracruz, se incluyó también un estreno del director de la orquesta, Roberto Peña Quesada, de una obra que toma como base la música zoque de Copainalá, Chiapas. ""Tres danzas zoques"", pieza que cerró la primera parte del recital, intenta conservar la originalidad del ritmo sincopado y la cierta rudeza de sus melodías, en un lenguaje académico con el que se aprovechan los recursos sonoros de la orquestación, pero sin perder la autenticidad de las raíces zoques.
El concierto abrió con tres pericuas (o canciones) michoacanas, una obra adaptada por los compositores Ramos, Jacobo y Bravo, de contrastes y gran colorido que introdujo desde el inicio al público en un estado de sensibilización e intensidad provocadas por los altibajos, la calma y el ímpetu de la música orquestal.
Y para que la fiesta y el ambiente jaliscienses no faltaran, dentro del repertorio también estuvo ""Jarabe"", escrita originalmente para flauta, violín, viola y violoncello por Eduardo Gamboa, pero que fue orquestada por Gonzalo Romeo.
Es de agradecer ampliamente la introducción en voz en off de cada una de las piezas para que el público, además de escuchar la pieza, conociera su origen, historia y conformación musical. La segunda parte fue inaugurada con ""Sones jarochos"", del compositor jalisciense Blas Galindo, basada en el popular ""Son de la negra"" y que conserva toda la frescura del son tapatío.
Con ""Danzón No. 2"", del compositor mexicano Arturo Márquez, estrenada en 1994 en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, entre la suavidad de la pieza y el obligatorio montuno de un danzón, no se podían escapar las ganas de bailar o ver bailar.
Aunque la famosa pieza ""Huapango"", de José Pablo Moncayo, estaba prevista para cerrar este concierto, los aplausos del público motivaron a la orquesta para que interpretara una pieza más, por lo que los sones revolucionarios no quedaron fuera del recital.
Un espectáculo casi redondo, que se vio opacado, acaso, por algunos descuidos técnicos y el poco aplomo de músicos como el fagotista, con sus bostezos a mitad de las interpretaciones, y la mala postura de la segunda trompeta. Sin embargo, luego de un año de actividades de la Orquesta Sinfónica de Chiapas, sí es evidente el desarrollo alcanzado en esta agrupación, que ha sido a partir del estímulo del talento chiapaneco.
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