"Sara Regalado * CP. El Señor del Pozo, una imagen venerada en Cerro Hueco en Tuxtla Gutiérrez, pero que también reúne a un grupo numeroso de feligreses en Chiapa de Corzo, cada 24 de marzo hace un recorrido desde la tierra caliente bordeada por el río hasta aquella colonia que casi se confunde con el cerro.
Esta tradicional veneración al Señor del Pozo viene de generaciones atrás; doña Adelina Gutiérrez, en su octogenaria época ya, no se acuerda, o quizá nunca lo supo. ""Sólo me acuerdo que mi abuelita Cristiana Hernández le dejó la imagen a mi papá"", comenta la patrona de la casa, sentada en una silla desde donde, con una voz dulce pero determinante, coordina a su hija, nueras y nietos para que la celebración del Señor del Pozo en su domicilio sea llevada por buen camino, sin ningún contratiempo.
""Yo ya estoy dando las últimas. Bendito Dios que me dejó llegar este año a la celebración, pero mi hija ya está lista para quedarse con él, porque a quién más se lo dejo"", agrega doña Adelina, señalando a la señora Hilda, su hija mayor, quien se afana en acomodar los arreglos florales que poco a poco van adornando el altar del Señor del Pozo.
Este año se mató una res y un cerdo para tener qué ofrecer a los feligreses que durante todo el fin de semana han arribado a rendir honores, agradecimientos y peticiones a su santo patrono. Pero también son los mismos visitantes quienes cooperan con Adelina, llevándole costales de maíz, cacao, productos para la limpieza o dinero en efectivo; apoyo que ella recibe con humildad, pues asegura que para este año habrá gastado alrededor de 50 mil pesos en la fiesta de su Señor.
En la misma colonia se alza la Parroquia de la Inmaculada Concepción, en donde también se venera al Señor del Pozo, un bulto más grande pero con menos antigüedad, objeto de algunas rencillas entre los habitantes de aquella comunidad hace ya algunos años.
Domingo Gutiérrez, padre de Adelina, era quien tenía a su cargo la imagen del Señor del Pozo, por encargo de su abuela y de quién sabe cuántas generaciones más, y le tenía una ermita en donde la gente podía llegar a venerarlo.
Sin embargo, hubo quienes querían construirle una iglesia especial y que estuviera ahí, que fuera de todos, a lo que ""Tío Mingo"", como era conocido en el pueblo, se opuso, porque sentía que era un patrimonio genealógico.
Así, un grupo de pueblerinos optó por mandar a hacer su propio Señor del Pozo y construirle su iglesia. Actualmente, la gente visita los dos altares, las disputas han quedado atrás y Adelina menciona que no importa a dónde lleguen, lo importante es que no se le deje de venerar.
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