"Sara Regalado. * CP. La literatura está llena de maternidad. La figura de la madre a lo largo de la historia siempre ha estado presente, y así también en la mente de los escritores que en no pocas ocasiones encuentran el eje de su historia en una mujer que es, fue o será madre.
Asimismo, es en algunas de estas historias donde se han abordado diversos enfoques del ser maternal, desde la mujer abnegada, sumisa y amorosa, hasta la perversa, la villana o la que se ha convertido en sólo un objeto o una idea lejana para los hijos. Éste último caso, como el del protagonista de ""El extranjero"", de Albert Camus. La historia comienza explicando la muerte de su madre, pero de una forma indiferente, como un hecho casual, cotidiano: ""Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: 'Falleció su madre. Entierro manana. Sentidas condolencias'. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer"".
Asimismo, narra: ""...Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: 'No es culpa mía'. No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado manana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido aspecto más oficial"".
Otra perspectiva totalmente distinta es la que nos diera anos después José Emilo Pacheco en ""Las batallas en el desierto"", en el que relata el amor hacia una madre, pero no un amor convencional, sino el eterno enamoramiento que siente el protagonista por la madre de su mejor amigo. Aquí, el momento justo en que surge ese amor idílico: ""Nunca me imaginé que la madre de Jim fuera tan joven, tan inteligente y, sobre todo, tan hermosa. No supe qué decirle. No puedo describir lo que sentí cuando ella me dio la mano. Me hubiera gustado quedarme allí mirándola. Pasen por favor al cuarto de Jim. Voy a terminar de prepararles la merienda"".
Luego, José Revueltas, en el eterno caminar hacia la muerte que narra en ""El luto humano"", da cuenta también del grado en el que puede llegar a odiar una madre que ha perdido a su única hija: ""Su mujer lo había odiado tanto por un instante, cuando la nina roncaba ya, sin remedio; mas con un odio de tal intensidad tan enorme y duro, que aquel instante tuvo el valor de una vida entera, como si lo hubiesen odiado por mil anos"".
Y después de que ese instinto maternal jamás se muere y es capaz de perdonar y adoptar incluso a ese que por un momento odió tanto: ""Cecilia volvió su rostro maternal (tan maternal que ya de pronto él, Úrsulo, era como su propio hijo, como su propia hija, de mirada obscura y extranos párpados mortales). Ten cuidado con el río. Le tengo miedo, dijo"".
Otro planteamiento es el de ""Cien anos de soledad"", de Gabriel García Márquez, novela en la que no sólo la madre, sino la mujer misma adquiere un papel preponderante en la historia, por el simple hecho de que a partir de ellas se construye el andamiaje de la familia Buendía. ""En Macondo, Úrsula es la gran madre; Amaranta, la madre sustituta; Pilar, la madre alcahueta; Remedios Moscote, la madre sacrificada; Petra Cotes, la madre desbordada; Fernanda, la madre impositiva"", analiza Patricio Eufraccio en ""Influjos, apariciones y presencias de Comala a Macondo"".
Así, la madre llena espacios infinitos tanto en la literatura como en muchos otros ámbitos, y sería difícil mencionar todos los ejemplos. Sin embargo, nos podemos quedar con la apreciación de José Martí, quien sentencia: ""Toda madre debiera llamarse maravilla"".
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