Una lengua que sale de un agujero en la pared y un robot que peina su cabello son algunas de las esculturas del artista plástico Urs Fischer que divierten a visitantes de la nueva exposición del Museo Jumex. Sin embargo, el artista suizo tiene algo contundente que decir: “El arte es aburrido”.
Urs Fischer ofreció una conferencia de prensa, en compañía del curador Francesco Bonami, a propósito de su exhibición “Urs Fischer: Lovers”, una retrospectiva de los últimos 25 años de carrera del artista y su primera muestra individual en América Latina.
En la charla con medios de comunicación, Fischer habló sobre su peculiar relación con el arte: “Tenemos una buena relación, aunque no siempre sea emocionante”. Entonces, ¿por qué Fischer hace arte? El artista explicó que para él, la creación es un medio para comprender el mundo: “Todo lo que he visto se acumula y moldea la forma en la que veo el mundo. Eso es lo que amo del arte, por más que sea aburrido”.
El artista que trabaja las técnicas de escultura, fotografía, instalación y pintura explica que la magia de las artes visuales radica en su permanencia en la mente del humano. “Cada obra de arte que he visto la tengo en mi mente y 30 años después sigue viajando en mi cabeza, así que en el momento en el que ves arte es una experiencia que se queda dentro de ti, la distorsionas, la haces parte de tu existencia”.
Para “Urs Fischer: Lovers” se seleccionaron obras de colecciones públicas, privadas y del archivo del artista y se destacó su trabajo escultórico, que se caracteriza por su sentido del humor y el movimiento, con piezas como Noisette (2019), una lengua que se asoma a través de un agujero en la pared; Things (2017), un rinoceronte plateado retacado de objetos, y Maybe (2019), dos pequeños caracoles que recorren lentamente el suelo, con la esperanza de encontrarse.
Urs Fischer compara su proceso creativo con la forma en la que jugaba de niño: “Me sentaba en el piso con mis juguetes y de alguna forma sigue siendo lo mismo en el estudio”. Eso explica el tono de irreverencia que no solo hay en la obra, sino también en la personalidad del creativo. “Nos gusta que el arte solo sea arte, no esto y lo otro ni sobre sociedad. Ambos apreciamos las cosas por lo que son”, explica Fischer.
Para su exhibición en México, el escultor creó un monumento de 10 metros titulado Lovers #2 que recibirá al público desde la plaza del museo y permanecerá ahí por el resto del año. “Ninguna otra ciudad tiene un monumento dedicado al amor”, destacó el curador invitado de la muestra, Francesco Bonami, quien agrega que esta exposición es sobre el amor y cuidado a los otros.











