Flor costurada| tradición que rebasa fronteras

"Fabián Rivera * CP. La tradición de la flor costurada es una práctica que se realiza en diversas partes del estado. A través de ésta se visualiza una variedad de designios y presagios que pocos pueden emitir. Sólo la gente de sabiduría puede saber cuáles serán los mensajes contenidos en cada conjunto de flores, y sus implicaciones.

Si bien entre los zoques existe la elaboración de ""joyonaqués"" (flor costurada), en Chiapa de Corzo existen los ""chamales"" (rodela o escudo protector, en lengua chiapaneca), y al igual que los ramilletes, es una práctica ancestral que se hereda de generación en generación.

En días recientes se llevó a cabo el encuentro de ""chamaleros"" y ""ramilleteros"", reunión que se lleva a cabo desde hace 8 años y que sirve de puente entre los pueblos que elaboran estas artesanías, cuya maestría se revela en el colorido y los detalles de cada una de las piezas realizadas.



Enfoque comparativo

En el caso de los ramilletes, los maestros artesanos utilizan la flor de bugambilia, la flor de mayo, hojas de café, zapote, mango y el palenque como eje central.

El palenque es la raíz de una variedad de lirio endémica, utilizada como el fondo de cada figura que se forma en el ramillete. Se trabajan asimismo dos agujas paralelas a un separador, lo que evita que se muevan los rollos que se van ensartando. En total son 24 figuras distintas, entre las cuales se destacan el caracol, el custodio y la rosita.

Por su parte, un chamal utiliza una sola aguja y el hilo. Los chamaleros emplean su libre albedrío en la combinación de colores. Se utilizan muchas flores, pero especialmente la flor de mayo, ya que según los maestros artesanos es la que revela mayor santidad.

La hoja de tempistle es la base principal de estas piezas. Se elige esta hoja por tener una textura muy suave y, sobre todo, dúctil para el trabajo artesanal.

En el caso de los chamales, proyectan una diversidad de imágenes, pero sobre todo evocan las distintas tonalidades de la luz del sol. Ambas tradiciones son poco conocidas, y su preservación es un punto clave en la política cultural de Chiapas.

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