Martha (Vanessa Kirby) debe hacer frente a las relaciones familiares y personales en pleno duelo tras un parto con el peor desenlace posible; pero para ser capaz de afrontar esta difícil etapa, primero debe comprenderse a sí misma.
Kornél Mundruzcó, director húngaro ganador del singular premio Un Certain Regard en Cannes (que premia películas que ofrecen perspectivas originales y diferentes) por la película White God, que metaforiza el racismo en un mundo distópico en el que los dueños perros que provienen de cruces entre especies son obligados a pagar un tributo; ofrece ahora su particular mirada al duelo, la feminidad, la superación y las relaciones personales en la película Fragmentos de una mujer.
La producción húngara-canadiense y la distribución de Netflix insuflan al director un plus de visibilización, pues le permite extender su presupuesto y contar con actores de renombre.
De infanta soberbia a mujer derrotada
La mujer fragmentada de la película es Vanessa Kirby, conocida como la hermana de la reina Isabel II en la serie The Crown, pero que también ha pasado por películas como Antes de ti, Misión Imposible: Fallout y Fast and Furious: Hobbs and Shaw en papeles relevantes.
Tras conquistarnos con su perfil juvenil, alocado y rebelde como la princesa Margarita, sorprende ver un cambio de registro tan radical, impactante y bien llevado. Su papel en la película Fragmentos de una mujer de Netflix, en la que interpreta a Martha, tiene un doble carácter.
Por un lado, su interpretación en la primera media hora de la película: treinta minutos de parto filmado en plano secuencia en la que sufrimos de la mano de la actriz y, sin duda, la mejor parte de la película.
Por otro, la de la madre que no es tal; una mujer rota que tiene que avanzar, volver a la vida. Que expresa dolor sin alterar el gesto y rasga el alma con una mirada; pero que evoluciona y se entiende, para hacer frente al mundo real. La vida debe seguir para Martha, y la película entra en su vida a través de dos personajes fundamentales: su marido y su madre.
Shia LaBeouf (Transformers) borda el papel de marido enamorado y encantado de ser padre de una criatura, pero que se transfigura tras la pérdida a un perfil de adicto, donde caben la violencia y el egoísmo. Así, la película Fragmentos de una mujer aborda las relaciones perdidas por causas ajenas, donde la pareja sufre una catarsis que ayuda (por las malas) a la progresión de Martha.
La otra relación principal en la trama es la de Martha con su madre (Ellen Burstyn). Mujer de amor frío, pero también incondicional. Ella cree que la superación de su hija pasa por los tribunales, señalando a una culpable (Molly Parker), comadrona en el parto. Ambos actúan como obstáculos para el duelo, pero también como señales de una realidad que Martha no quiere afrontar: ha perdido a su hijo y deber continuar su vida.
Acompañada por diferentes (y evidentes) metáforas, como la de un puente construcción o la semilla de una manzana, la película muestra mes a mes la progresión de Martha acompañada por una bella partitura del mismísimo Howard Shore y desembocando en un final feliz, pero que suena a impuesto.
La narrativa sanadora se hace presente en la vida de Martha, hay una búsqueda en silencio que delata la incomprensión de los demás, e inclusive del espectador, ella sufre para sí, no da explicaciones, no se trata de acciones lógicas que cierren heridas; la salida es personal, humana, no convencional; no se trata tapar algo con otra cosa, sino de atravesar un proceso que sane las heridas sin desconocerlas, sin trasladar el sufrimiento hacia otra parte.
Para comprender es necesario primero no comprender. Mundruczó nos sitúa del lado de la familia, del lado de la “lógica” de procederes habituales y esperables, justamente, para que lleguemos a entender la posición de Martha. No es el fomento de un partidarismo, sino de un proceso necesario para quien no vive la experiencia. Somos la sociedad que observa; saber no es comprender, esto último requiere un proceso por fuera del sentido común; la experiencia es personal, así debemos entenderlo.
La empatía no es de recibo hasta el final, el silencio abre expectativas, el vacío pretende ser colmado de sentido común tradicional distanciado. Habrá una respuesta. La película guía en su construcción, por eso, no debemos ser impacientes e ir plegándonos al ritmo de un proceso gradual y continuo. Es como es la vida, la materialidad no es la respuesta.












