El famoso libro La ciudad y los perros, del escritor peruano Mario Vargas Llosa, fue censurado por el régimen franquista por cerca de un año. Al final, y tras cambiar ocho palabras que ofendían al régimen español el volumen salió a la venta, para un año más tarde burlar la censura.
“Al principio, la censura quería cortar mucho de la novela. La batalla duró cerca de un año y al final tuvo ocho palabras prohibidas que se cambiaron por sinónimos”, dijo el autor durante su presentación en la Feria del Libro de Bogotá.
En la primera versión se tuvo que utilizar “vientre de cetáceo”, en lugar de “vientre de ballena”, para no ridiculizar a la institución militar, contó el también periodista al tiempo que afirmó que en ese periodo de su vida comprendió que no existe una literatura políticamente correcta y que hacerla de ese modo es “matarla” porque no se trata de una versión edulcorada de la realidad sino que refleja “lo que es, lo que hay”.
Durante su ponencia reflexionó que los regímenes ven a los libros como un “peligro” debido a que despiertan un espíritu transformador y agregó que no deseaba vivir en una sociedad en que las pantallas hayan “derrotado totalmente” a los libros, porque está “absolutamente convencido” de que “no son capaces de dejar un efecto y una consecuencia tan profunda”.
El ganador del Nobel de Literatura 2010, aseguró no tener nada contra las pantallas y destacó que le gusta mucho tanto el cine como la televisión, ya que es “observador entusiasta de series”.
“Me gustaría muchísimo que ambas cosas existieran, pero un libro exige del espectador un esfuerzo que la pantalla no. Ahí, uno es pasivo, recibe un baño que muchas veces se deleita y goza, mientras que en el libro tenemos que participar junto con el autor para que funcione”, consideró en la presentación de su libro La llamada de la tribu, en la que reflexiona acerca de la evolución del pensamiento liberal.
Para ello analiza la obra y pensamiento de siete autores: Adam Smith, Friedrich Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin, Jean François Revel, así como José Ortega y Gasset.












