La verdadera Frida Kahlo. La adolescente “pícara y consentida” a la que su maestro, “el viejo Palafox”, sacaba de la clase de matemáticas porque daba “mucha guerra”; la que le pedía a su madre “5 centavos para barquillo y 5 para quesadillas”, la que decía una que otra mentira e incluso tenía faltas de ortografía.
Pero también la joven que se enamoró del muralista Diego Rivera, con quien viajó a Estados Unidos, “donde se descubrió como pintora”; la mujer que enfrentó con valor y paciencia sus enfermedades, y, sobre todo, la hija cariñosa que veía a su “mamacita linda” como una amiga, una cómplice.
La Frida Kahlo (1907-1954) multifacética, íntima, reflexiva, crítica, comprometida, queda al descubierto a través de las 54 cartas, “hasta ahora inéditas”, que la artista le escribió a su madre, Matilde Calderón y González (1876-1932), recopiladas por Héctor Jaimes en el libro Tu hija Frida. Cartas a mamá (Siglo XXI Editores) que estará en librerías esta semana.
El investigador y catedrático venezolano detalla a Excélsior en entrevista que en estas misivas, escritas entre el 10 de mayo de 1923 (fecha de la segunda) y el 14 de enero de 1932, “Frida se revela por primera vez como realmente es”.
El doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pennsylvania explica que “en estas cartas Frida habla de sí misma de una manera abierta y cotidiana, sin poses ni ocultamientos”.
Y se muestra, agrega, como “una persona sin esquemas ni teorías, solamente hablando desde su sinceridad y sensibilidad; una voz libre de decir lo que siente, sufrimientos y penas, pero también alegría y esperanza y un gran sentido del humor”.
Las primeras diez misivas están resguardadas en el Museo Frida Kahlo de la Ciudad de México, y las otras 44 en el National Museum of Women in the Arts, en Washington (EU), como parte de la colección Nelleke Nix and Marianne Huber: The Frida Kahlo Papers, 1930-1954).












