Fumar: una lucha cultural fracasada

Verónica Huesca * CP. El tabaco es una planta originaria de América, etimológicamente de origen incierto. Se puede aceptar que viene de la palabra tubaco, que significa pipa indígena, y que era utilizado con fines curativos. El tabaco o nicotiana tabacum, es una de las 40 especies que tiene el género nicotiana. Ésta a su vez tiene cuatro variedades: Brasilensis, Havanensis, Virgínica y Purpúrea. De cada una de estas variedades, así como del modo del cultivo, forma de curado y de fermentación, y del proceso industrial de fabricación, dependen los diferentes tipos de tabaco que se comercializan, pero es la nicotina la que provoca el vicio.

Cada ano se producen casi cinco millones de muertes por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Para la década del 2020 o 2030, el número de víctimas alcanzará los diez millones al ano.

Sin contar que este vicio también es un golpe a la economía, ya que al mes un fumador llega a gastar en promedio 250 a 300 pesos.

Dentro de la cultura del tabaco, su consumo es un acto social y de relación con otras personas. Es compartir con los demás, como se comparten otras drogas.



Bombardeo publicitario

Los jóvenes fuman para reflejar un status social, iniciando en este vicio entre los 12 y 13 anos, con el fin de demostrar cierta madurez en una sociedad que se preocupa por las apariencias más allá de lo que este vicio en particular pueda provocar en la salud del ser humano.

A ello se le agrega el bombardeo de los mensajes publicitarios en los medios, en donde la imagen del hombre fumador es una persona varonil, sensual, apuesto y dispuesto al sexo; aunque cabe mencionar que estos anuncios han sido limitados en radio y televisión, a partir de la administración de la actual presidencia.

Por otro lado, pese al reglamento de protección a los no fumadores, dispuesta en el artículo 3s de la ley general de salud donde se prohíbe fumar en áreas cerradas como hospitales, camiones, oficinas y bancos, o donde se dé un servicio directo al público e instituciones educativas; éste no se aplica y al fumador parece importarle poco, por falta de educación civil, cultura o falta de concientización ante el problema, lo cierto es que los no fumadores cada vez se ven más afectados por el humo del cigarro, ya que también se enfrentan a riesgos pequenos pero reales de cáncer de pulmón y a riesgos más altos de enfermedad cardiovascular.