"Verónica Huesca * CP. Música, alegría, colorido y folclor popular que ha trascendido a través de un sincretismo religioso, entre el carácter prehispánico de un rito y la devoción católica, es lo que encierra la imagen del Parachico, que recorre las calles de Chiapa de Corzo en medio del sonido de la música de tambor, flauta de carrizo y chinchín.
Es a partir de las diez horas cuando los lugarenos se preparan para iniciar el recorrido, que dedican al Santo Patrono objeto de devoción, ya sea al Senor de Esquipulas, como en este caso; San Antonio Abad o San Sebastián, mismos que tienen lugar los días 15, 17 y 20 de enero, respectivamente.
Con vistosos jorongos, chalinas bordadas con hilo de seda o con lentejuelas; montera hecha a base de ixtle; máscara que recuerda la imagen del espanol conquistador, y chinchín en mano, los Parachicos inician la procesión trasladando al santo a la iglesia de Santo Domingo para que escuche la misa en su honor.
Posteriormente, lo regresan a la casa del prioste y comienza el recorrido que dura alrededor de doce horas, ya que junto con el patrono visitan las casas donde resguardan alguna imagen católica, así como los templos e iglesias, en los que realizan su tradicional danza.
Al tiempo que llevan a cabo el recorrido, se pueden escuchar decenas de ""?Vivas!"", como ""?Viva Santo Domingo!"", ""?Viva San Sebastián!"", ""?Viva la corte celestial!"", ""?Viva San Antonio Abad!"", ""?Viva la Virgen de Guadalupe!"", entre muchos otros.
Pero es al arribar al domicilio o iglesia del lugar cuando el ritual cambia, lo que se refleja en el ritmo del tambor, la flauta de carrizo y la danza.
Se baila primero el ya conocido son de Parachico y se suena el chinchín. Cuando el ritmo de la flauta cambia, entonces inicia un zapateado; en ese momento, el Parachico suelta el chinchín y levanta su jorongo para lucir su traje.
Mientras tanto, el patrono de ellos canta algunos alabados: ""Eras hijo de texhuistle, Parachico te daré con mi máscara de palo y mi chinchín te bailaré"".
""Los alabados y los '?Vivas!' los dice el patrón frente al altar, luego nosotros cantamos. Luego, el patrono realiza el cumplimiento de algunas mandas, que consisten en pegarle con un fuete de manera simbólica al Parachico que así lo haya solicitado, pues ésa es su ofrenda en agradecimiento a un favor cumplido por el Santo. Es una manda, una promesa; también es una limpia de todo lo malo"", cuenta uno de los participantes.
Posterior al zapateado se escucha un tercer ritmo. Se trata del son de María de Angulo o baile de salida; es decir, el anuncio de que los Parachicos deben retirarse del lugar, momento en el que la danza se intensifica y el chinchín vuelve a escucharse.
Danza de la era
prehispánica
El baile del Parachico es producto de un sincretismo religioso, que se presenta cuando algunos lugarenos siguen una tradición hispánica, en este caso una danza en honor al Santo Patrono en cuestión, y cuando otros intentan preservar un ritual prehispánico, en honor del sol.
""Cuando nos vestimos así, sentimos renacer nuestra sangre chiapaneca, la energía que nos da el astro rey, porque ésta es nuestra danza al sol. Cuando llegan los espanoles, al no poder acabar con la cultura chiapaneca, la adoptan y la adaptan"", enfatiza un danzante tradicionalista.
Ya sea al sol o a un Santo, los Parachicos continúan su recorrido para culminar en la casa del patrono, donde el baile es más largo, ya que es en honor de sus líderes anteriores, pues el cargo es por sucesión hereditaria.
De hecho, el patrono luce una máscara de Parachico distinta a la de los demás, con rasgos más fuertes, que demuestran poder y senorío.
Alrededor de las diez de la noche culmina el ritual, el sonido del chinchín deja de escucharse y los Parachicos se retiran, para esperar el 20 de enero, día de San Sebastián, cuando nuevamente salen a bailar demostrando su fé y sus tradiciones.
"











