Grupo futurista que añora el pasado

Grupo futurista que añora el pasado

Era fin del milenio. Miles de jóvenes de los 90 cantaban junto a Moenia aquello de perderse en “un inmenso mar” y dejarse cubrir por un “manto estelar”.

El synth pop de la agrupación proyectaba un futuro prometedor, con una tecnología asociada a la ilusión, al desamor y al deseo, muy lejos de la saturación digital que domina hoy.

Un poco por eso, los integrantes de la banda surgida en 1996 reconocen estar cansados del futuro que llegó y, contrario a lo que hicieron desde sus inicios, hoy quieren dedicar su música a la nostalgia del pasado. “La letra de nuestro nuevo concepto te conecta y te hace recordar. Nos separamos un poquito de todo lo tecnológico y lo futurista; nuestra gira pasada fue con muchos leds y gráficos. Esto es más humano, es representar en canciones la condición humana y lo que nos mueve a los humanos”, explica Alfonso Pichardo.

En esa línea se inscribe Temporal, el disco con el que el vocalista, junto a Jorge Soto y Alejandro Ortega (conocido como Midi), explora lo terrenal a partir de la música entendida como fotografía.

Los temas estrenados hasta ahora (“Repetir”, “Estamos Bien”, “Consecuencias” y “Lo prometí”) dan cuenta de una etapa creativa en la que la banda busca capturar momentos significativos, más que en la persecución inmediata de un hit. “Son nueve canciones que representan la condición humana, lo que somos. Tienen que ver con la música entendida como fotografías: cosas que te transmiten. De hecho, la portada y la contraportada están hechas con polaroids”, explica Midi.

La memoria frente a la IA

Un ejemplo de fotografía personal son las vivencias que la banda construyó antes de que un mundo impulsado por la inteligencia artificial marcara el ritmo del trabajo creativo.

En esos años, Moenia desarrollaba su música a partir de convivencias reales y del tiempo compartido, una dinámica que hoy reconocen cada vez más difícil de repetir. La creación no solo pasaba por el estudio, sino por habitar juntos un mismo espacio durante días, sin distracciones externas.

“Disfrutaba mucho cuando nos íbamos de viaje, hacíamos unos encerrones creativos, rentábamos una casa en Acapulco o en algún otro lado y ahí montábamos el estudio. Nos íbamos una o dos semanas y no hacíamos nada más que música”, recuerda Midi.