Hacen Ruido por los desaparecidos

En 2021, cuando Natalia Beristáin dio el claquetazo final al rodaje de Ruido, película que aborda el tema de los desaparecidos en México, las cifras oficiales marcaban 90 mil personas no halladas en el país desde los años 60. Ahora que la cinta llega a cines y al streaming, los números se han incrementado a 108 mil, es decir, 18 mil mujeres y hombres más con relación a hace dos años.

“Es un tema que duele mucho, algo que tengo desde hace muchos años en la cabeza, incluso antes de hacer ‘Los adioses’ (su anterior filme de 2017) ya tenía el impulso de hacer algo así, pero no me sentía con las herramientas tanto como personales, como profesionales para hacerla”, dice Natalia.

“Fui recabando información, conocía a gente, entrevistaba, archivaba y finalmente me di cuenta que el tema en mi corazón no se iba a ningún lado, del país menos, y que las estadísticas crecen, la virulencia es cada vez más inexplicable”, comenta.

Las cifras respaldan a la directora. El número de personas desaparecidas en un año podría llenar dos veces el Auditorio Nacional, uno de los principales espacios artísticos del país; poco más de un Palacio de los Deportes o la quinta parte de la capacidad del estadio Azteca.

Fue hace cuatro años que Beristáin comenzó a escribir la historia de una madre que pierde a su hija, pensando desde el principio en Julieta Egurrola (Profundo carmesí y En el país de no pasa nada), su mamá en la vida real, como protagonista.

Pronto se dio cuenta de que para interpretar a las buscadoras, como se les conoce a las mujeres que se organizan para hacer excavaciones buscando rastros de sus familiares, no podía utilizar actrices. Fue entonces que entrevistó a colectivos y madres que buscan a sus familiares y que quisieran participar.

Beristáin entendió que no era fácil poner su voz, cara e historia (en pantalla) al no tratarse de un documental ni de la historia de esas personas, sino ficción. “Fue ahí un encontronazo brutal, pero a la vez luminoso. Cuando me invitaron al campo para conocerlas, más allá del Zoom, y decirles por qué me interesaba el tema, lo hice para una búsqueda (de desaparecidos) y vi cosas que se quedaron en la película”, indica.

“Para ellas termina el día de búsqueda, donde incluso con sus propias manos remueven la tierra, y entonces sale la comida, empiezan a compartir, se escucha una risa, por allá alguien muestra un video, otra más pone música y otra llorando habla con alguna autoridad, pero hay una cosa como de comunión, de hermandad, de soltar”, detalla.