Han sacrificado la cultura: Carlos Granés

Han sacrificado la cultura: Carlos Granés

Después de la alianza de los recientes gobiernos de América Latina con los sectores populares y las élites militares, “la cultura, el arte y la ciencia han sido sacrificados; el sector se ha visto muy maltratado”, afirma tajante el ensayista colombiano Carlos Granés (1975).

“La enorme infraestructura de apoyo cultural que había en México, por ejemplo, que era la envidia del continente, se ha perdido”, comenta en entrevista con Excélsior el doctor en Antropología Social por la Universidad Complutense de Madrid.

El autor del libro Delirio americano (Taurus), que presentará en el Hay Festival Querétaro el 2 de septiembre, revisa en este título precedido por cinco años de investigación cómo la política ha determinado la historia de la cultura en América Latina durante el siglo XX. El becario en la Universidad de Berkeley, California, donde finalizó su tesis sobre Antropología del arte, actualiza su análisis en el caso mexicano.

“A partir del 2000 llega la esperanza y la decepción. La primera porque se acaba ese sistema cuasi dictatorial, el PRI. Pero poco a poco el problema del narco se va desbordando y llegamos a la situación actual. Eso ha inoculado en México un fenómeno nuevo, al que no había estado expuesto, el populismo”, señala. “El país, que había sido siempre la excepción latinoamericana, un caso particular, empezó a somatizar los mismos dilemas políticos que el resto del continente. Empieza a aparecerse al resto de América Latina”.

Con los gobiernos populistas, explica, “en el subcontinente está pasando algo rarísimo: misteriosamente el futuro ha desaparecido. Si escuchas a los presidentes, a los candidatos, ninguno habla del futuro, sino que están intentando lidiar con el pasado, de reconciliarse con su historia, resignificarla, de saldar viejas deudas o cuentas pendientes”, agrega.

“Esto es la prueba de una desorientación terrible, de una falta de proyectos. No hay una idea clara de por dónde deben ir los países, en cuanto al modelo económico; no hay un camino que proyecte a las sociedades al futuro”.

Quien es considerado uno de los pensadores más sólidos y originales de la actualidad refiere que, “por eso, mirar al pasado es el recurso demagógico y efectista al que se está recurriendo, rescatar los conocimientos ancestrales, empezar a pelear contra molinos de viento. En América Latina, el refugio siempre ha sido la identidad, mirar el ombligo”.

Destaca que “otro síntoma de los gobernantes que tenemos ahora es que llegan al poder no a gobernar, sino a cambiar la historia, a refundar países, a romper los cimientos y restaurarlos; pero son proyectos asidos a nada”.

Afortunadamente, concluye, las ideas y el arte siempre cambian el rumbo. “El siglo XXI está marcado por la irrupción de mujeres escritoras con un talento excepcional, que están volviendo a ver los temas latinoamericanos desde una mirada gótica, siniestra, desde la perversidad. Y en la plástica, el arte de la víctima está cobrando mucho interés: visibilizar al marginado, al que sufre, a quien pierde la vida por la violencia, las migraciones y el racismo. Esto crea conciencia crítica”, indica.