Hannibal Lecter: el malo más perturbador

Hannibal Lecter: el malo más perturbador

Bastaron 16 minutos para que el doctor Hannibal Lecter cimbrara al cine contemporáneo y perturbara las mentes de los espectadores. Inteligente (está súper dotado), culto, astuto, estratega y amante de las artes… Sus habilidades y encantos encubrieron a la perfección su hambre depredadora.

Anthony Hopkins logra en esos escasos minutos una de las actuaciones más potentes de la cinematografía mundial. Su mirada, inspirada en los reptiles que no parpadean, su actitud pausada y su voz, a veces a medio tono, se combinan en la medida justa para dar dimensión humana a la maldad y a sus alcances.

El actor estadounidense recibió el Óscar por su corta pero magistral interpretación en El silencio de los inocentes, filme que es el último en haber ganado los cinco premios más importantes de cada gala: mejor película, director, actor, actriz y guión adaptado.

Obra maestra

La historia del novelista Thomas Harris, estrenada hace 35 años en Estados Unidos, inicia con el trato que establece el doctor Hannibal Lecter, una eminencia de la psiquiatría que al mismo tiempo es un asesino serial y caníbal, por lo que vive recluido en una cárcel de máxima seguridad hasta donde va a buscarlo la novel detective Clarice Starling.

La chica, que es parte de las filas del FBI, busca a Lecter con el fin de obtener pistas acerca de Buffalo Bill, otro asesino en serie que tiene como sello personal secuestrar a mujeres para después desollarlas.

Clarice accede a la petición (que más bien es imposición de Hannibal) de dar pistas del asesino a cambio de que ella revele pasajes de su vida que resultaron traumáticos, todo contratiempo, pues una nueva víctima puede ser salvada si el psiquiatra habla.

El filme es considerado una obra maestra de la cinematografía. Primero, porque hizo posible que el género del thriller pudiera ser considerado como serio, incluso de culto. Gracias a que el director se vale de planos largos en los que Hopkins ve directamente a la cámara, se logra que el espectador experimente en primera persona la incomodidad y hasta el miedo que Jodie Foster en su personaje de Clarise siente.