¿Has escuchado del slow reading?

Primero vino slow food y después slow travel. Ahora es el turno de slow reading, la lectura lenta. La idea concreta es reunirse en un café para leer. Cada uno lleva su libro y apaga el celular. A continuación todos pasan una hora juntos, leyendo en silencio y sin distracciones. El proyecto surgió en Nueva Zelanda con el primer Slow Reading Club y se ha extendido a muchas partes del mundo.

¿Una mezcla de desaceleración y desintoxicación digital? El eslogan de los clubes de lectura lenta suena a mantra de yoga: “Calm body, curious mind, open heart (Cuerpo relajado, espíritu inquieto, corazón abierto)”.

La fundadora, Meg Williams, se describe a sí misma en su blog como una “lectora voraz”, que sin embargo no recuerda cuándo fue la última vez que consiguió leer un libro de principio a fin de un tirón, debido a lo ocupada que estaba checando los correos electrónicos o navegando en Facebook.

El grupo neocelandés, cuya página en internet es slowreadingco.com/, tiene sucursales en Europa, Norteamérica y Asia. En Estados Unidos han surgido grupos similares bautizados Silent Reading Party (silentreadingpartynyc.com/).

Williams da 10 consejos concretos para que la lectura lenta funcione, como apagar el celular; ante la duda, empezar con algo fácil, y releer los libros favoritos, que es como volver a encontrarse con un viejo amigo.

Leer con rapidez no es en sí mismo un problema ni va en detrimento de la comprensión, opina el investigador Ralph Radach, de la Universidad de Wuppertal. Pero sí considera importante adaptar la velocidad de lectura ya se esté en el trabajo o disfrutando de tiempo libre. “Las novelas habría que leerlas despacio para alargar el placer”, afirma.

Pero ¿por qué no ir, por ejemplo, a una biblioteca? Sus salas públicas de lectura, las antecesoras de los Slow Reading Clubs, están abiertas muchas horas. Por ejemplo, a la bloguera literaria Sophie Weigand le gusta la idea de una lectura concentrada, pero no sabe si acudiría para ello a un club de lectura lenta.